Pesos y contrapesos
Ago 23, 2013
Arturo Damm

La reforma petrolera de EPN: sí, pero... (III)

Hay que considerar los distintos modelos de industria petrolera que puede haber y señalar cuál es el mejor, y no quitar el dedo del renglón hasta alcanzarlo.

La reforma petrolera propuesta por Peña Nieto pretende, uno: “Eliminar la prohibición de que el Estado celebre contratos para la explotación de hidrocarburos”. Dos: “Sustraer de las áreas estratégicas del Estado a la petroquímica básica y dar certeza a nivel constitucional para que las actividades de la industria petrolera, tales como el procesamiento de gas natural y la refinación del petróleo, así como el transporte, almacenamiento, distribución y comercialización de dichos productos y sus derivados, puedan ser realizadas tanto por organismos del Estado, como por los sectores social y privado, a través de permisos que otorgue el Ejecutivo Federal”. Tres: “El fortalecimiento de Petróleos Mexicanos y redefinir su relación con el Estado mexicano, pasando de una visión estrecha como generador de ingresos públicos en el corto plazo, a una de perspectiva amplia y de largo plazo. El nuevo régimen fiscal para Pemex que se propondrá como parte de la Reforma Hacendaria será consistente con este cambio de enfoque, (ya que) hoy en día el régimen fiscal de PEMEX está sustentado en un esquema de derechos rígidos, los cuales se determinan sin reconocer plenamente las necesidades de inversión de la empresa, (por lo que) este nuevo esquema hará que PEMEX tenga un tratamiento fiscal comparable al de otras empresas petroleras el resto del mundo.”[1]

Resumiendo. La propuesta de reforma petrolera pretende, uno: darle a PEMEX la posibilidad de asociarse con capital privado en las tareas básicas de exploración y extracción de petróleo; dos: darle a los privados la posibilidad de llevar a cabo, previo permiso otorgado por el gobierno (¡faltaba más!), tareas relacionadas con refinación de petróleo, y transportación, almacenamiento, distribución y comercialización de productos derivados del mismo; tres: modificar el esquema tributario de PEMEX (en pocas palabras: cobrarle menos impuestos, siendo que impuestos son los derechos que paga), con el fin de que la empresa cuente con más recursos para llevar a cabo, de mejor manera, sus tareas.

Suponiendo que se acepte, tal y cual fue presentada, la propuesta de reforma energética de Peña Nieto, pasaríamos de la industria petrolera propia del modelo uno[2] -monopolio gubernamental, sin ningún tipo de participación privada- a una con elementos del modelo dos en materia de exploración y extracción -monopolio gubernamental, con participación privada, por medio de contratos de riesgos- y con elementos del modelo tres en lo referente a refinación, transportación, almacenamiento, distribución y comercialización de petróleo y productos petroleros -empresa gubernamental, con o sin participación de capital privado, compitiendo con otras empresas, que pueden ser gubernamentales o privadas-, todo lo cual apunta en la dirección correcta, pero quedándose corto, lo cual quiere decir que a la reforma de Peña Nieto hay que apoyarla por lo que propone y criticarla por lo que no propone. Para entender esto último hay que volver a considerar los distintos modelos de industria petrolera que puede haber y señalar cuál es el mejor, y no quitar el dedo del renglón hasta alcanzarlo.

Continuará.

[1] Presidencia de la República, Propuesta de Reforma Energética.

[2] Véase la primera entrega de esta serie.



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