VIERNES, 13 DE DICIEMBRE DE 2013
¿Fin del demagogo?

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“¿Cuál ha sido el costo para la economía de México de las actividades de López, ese siniestro personaje en el último cuarto de siglo?”


Las numerosas expresiones de solidaria cortesía de la clase política de todos los colores ante la súbita enfermedad de Andrés Manuel López Obrador muestra, sin duda, buenas maneras, y al mismo tiempo enorme hipocresía. ¿De veras lamentamos que este demagogo que tanto le ha costado a México esté en camino al retiro?

La buena educación de personajes importantes en la política de nuestro país, como el Presidente Enrique Peña Nieto y el ex-presidente Felipe Calderón lamentando el achaque del caudillo del grupúsculo reaccionario que se hace llamar de izquierda, de ninguna manera debe confundirse como un apoyo a la agenda del agitador.

La pregunta relevante es, ¿cuál ha sido el costo para la economía de México de las actividades de este siniestro personaje en el último cuarto de siglo? Tengo a varios alumnos haciendo las investigaciones correspondientes pero los resultados iniciales muestran que los costos de las acciones de este mequetrefe son exorbitantes.

Lo más tangible han sido sus interminables plantones y marchas en protesta de los resultados de sus numerosas derrotas electorales –dos veces como candidato a gobernador de Tabasco y dos más como aspirante presidencial- y a cualquier política pública o acción de gobierno que no haya sido de su agrado.

La cultura de la manifestación callejera, sumada a lo que se ha llamado el “síndrome del 68” a resultas del cual la autoridad se niega a hacer cumplir la ley e impedir que los revoltosos obstruyan el tránsito de personas y vehículos, la llevó López a un nivel e intensidad hasta entonces desconocidos, que hoy se ha vuelto permanente con los émulos del demagogo, para horror de los sufridos habitantes de la capital.

No se trata sólo de los costos directos de comercios, hoteles y restaurantes que tienen la desgracia de ubicarse donde los manifestantes deciden asentarse, como es el caso de los situados en la Plaza de la República tomada por los vándalos de la CNTE desde su desalojo del zócalo capitalino hace meses, sino los derivados de las inversiones que ya no se realizaron por el ambiente de zozobra e inseguridad que genera el hecho que cualquier pandilla pueda hacer de las suyas con absoluta impunidad.

Los costos económicos de López y sus esbirros incluyen el deterioro de las instituciones, que él en su momento mandó al diablo, muy especialmente la autoridad electoral que ha sufrido dos contra-reformas que le han restado autoridad y credibilidad, lo que pondrá en entredicho la verosimilitud de elecciones futuras.

Hay que contabilizar los costos de las acciones de la caterva de delincuentes que han rodeado al demagogo en toda su trayectoria y que desde el gobierno de la ciudad o del partido político en turno, han medrado, robado y chantajeado a quienes tuvieron cualquier trato con ellos, al tiempo que López presumía de su ¡honestidad valiente!

La generalización de la cultura de la dependencia mediante regalos pecuniarios y la garantía de impunidad a cambio del apoyo político de numerosas clientelas que incluyen a pandillas de delincuentes que manejan giros negros, taxis piratas, invasión de predios y grupos de choque que causan destrozos cuando se les antoja.

Hoy seguimos sin saber cuánto costaron las obras de relumbrón que realizó López en su accidentado paso por la jefatura de gobierno, pues tuvo el cuidado de esconder la evidencia, secreto celosamente guardado por sus sucesores y cómplices, ni el origen de los recursos que le han permitido estar en campaña permanente en todo el territorio nacional desde hace ocho años, cuando cobró su último sueldo conocido.

Los costos de la reiteración de mentiras como su campaña contra la “privatización del petróleo,” con un pueblo de limitada cultura económica y financiera, también han sido enormes pues como dijo alguna vez Joseph Goebbels, el propagandista de ese otro demagogo, Adolfo Hitler, “repite una mentira mil veces y se volverá la verdad.”

Pero es cuando le da el reciente ataque al corazón dónde López revela su verdadero talante democrático, pues a la usanza de los dictadores de Corea del Norte, Kim il-Sung y Kim Jong-il, manda a su hijo como sucesor a encabezar el “bloqueo” del Senado de la República quesque para impedir la aprobación de la reforma energética.

Lo peor del caso es que los sufridos contribuyentes mexicanos carecemos de recurso alguno para demandar a este delincuente que tan caro nos ha costado, por lo que no nos queda de otra más que desear con vehemencia que su deteriorada salud lo jubile en definitiva de su carrera de agitador.  

• Demagogia

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