Hablando en plata
Feb 27, 2014
Luis Pazos

Controles, ¿bajan precios y fomentan competencia?

Darle al gobierno nuevamente el poder de fijar precios en los ferrocarriles y los teléfono no es la salida; es más burocracia y más costos que indirectamente pagarán los consumidores.

Antes de la privatización de los Ferrocarriles en los años 90, su mal funcionamiento le costaba miles de millones de pesos al gobierno y su capacidad de transporte era insuficiente para enfrentar el aumento de actividad económica, derivado del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Las tres empresas a las que les concesionaron la red ferroviaria invirtieron millones de dólares. Del 6% del total de la carga que transportaban antes de su privatización, ahora mueven el 25%. Antes ferrocarriles recibía subsidios millonarios para operar, ahora tienen ganancias y pagan impuestos.

Pero algunos de sus servicios, como las interconexiones, son considerados altos, por lo que varios legisladores piensan darle el poder al Estado para fijar los precios, como en Estados Unidos, lo que trajo como consecuencia la quiebra de empresas ferroviarias y la necesidad de subsidios gubernamentales.

En el caso del sector telefónico, antes de su privatización en 1990 se necesitaban dos años y mordidas para conseguir una línea telefónica, actualmente los usuarios pueden tener una línea en unos días. En el sector de la telefonía móvil y de larga distancia ya hay varias empresas. Los consumidores tienen alternativas, pero las interconexiones son consideradas caras, aunque a precios constantes el costo de la telefonía fija para los usuarios es menor que antes de la privatización. Vía Telmex el gobierno recibe varias veces más recursos en impuestos que lo que antes recaudaba el ineficiente monopolio estatal.

La solución para bajar precios, que proponen algunos funcionarios y legisladores que extrañan el estatismo de los años 70, es darle al gobierno nuevamente el poder de fijar precios en los ferrocarriles y los teléfonos.

Esa no es salida, es más burocracia y más costos que indirectamente pagarán los consumidores. La salida sustentable y sana es desreglamentar, quitar barreras de entrada a nuevos competidores en la telefonía y los ferrocarriles, en la medida que lo permitan las actuales concesiones, sin dividir empresas ni fijar precios, si lo que se busca es promover la competencia y no solo un mayor control por parte del Estado de esos sectores.



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