Pesos y contrapesos
Mar 7, 2014
Arturo Damm

Los límites del Acuerdo

¿Cuál es el alcance real del Acuerdo de Certidumbre Tributaria? ¿Exageré al calificarlo de burla?

Lo he escrito muchas veces: el principal problema que enfrentamos los contribuyentes en México es la total y absoluta discrecionalidad del gobierno (poderes Ejecutivo y Legislativo), a la hora de decidir qué impuestos se cobran, a qué tasas se cobran, y a quiénes se les cobran, lo cual, por la vía de la inseguridad y desconfianza que ello genera, reduce la competitividad del país, lo cual, dado el impacto que ello tiene sobre las inversiones directas, limita la capacidad de crecimiento de la economía y las posibilidades de mayor bienestar para millones de mexicanos. Esto, ¡nada más que es esto!, es lo que está en juego.

Alguien me podrá decir que lo dicho en el párrafo anterior ya es historia, porque desde la semana pasada los mexicanos contamos con el Acuerdo de Certidumbre Tributaria, que supone, de manera central, que hasta noviembre de 2018 el Ejecutivo Federal no propondrá, ni nuevos impuestos, ni mayores impuestos, habiéndose eliminado esa total y absoluta discrecionalidad mentada en el párrafo anterior, y que supone que el derecho de propiedad sobre los ingresos y patrimonio de los contribuyentes no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, ni jurídicamente garantizado. De tal tamaño era el problema. ¿Era? Claro, gracias al Acuerdo de Certidumbre Tributaria. ¿De veras? Veamos.

No hay que pasar por alto, para empezar, el punto seis del citado acuerdo, que a la letra dice: “En el periodo que abarca desde el día de hoy hasta el 30 de noviembre de 2018, el Ejecutivo Federal sólo propondrá modificaciones (¡ya salió el pero!)[1] en respuesta a eventos macroeconómicos sustanciales (¿con qué criterio se calificarán como tales?)[2] ante los cuales sea imperante realizar ajustes al marco tributario. De no presentarse este tipo de eventos, el Gobierno Federal no propondrá al H. Congreso de la Unión cambios al marco tributario”.

Es decir, el cumplimiento del compromiso de no cobrar más impuestos está sujeto a que no se presenten “eventos macroeconómicos sustanciales” (por ejemplo: poco crecimiento y menor recaudación) que obliguen a “realizar ajustes al marco tributario” (por ejemplo: inventar nuevos impuestos y/o elevar la tasa de los que ya se cobran), lo cual quiere decir que los contribuyentes seguimos siendo objetos de esa inseguridad y desconfianza mencionada en el primer párrafo. ¿Qué tanto cambió realmente con el Acuerdo de Certidumbre Tributaria?

Para terminar, no hay que olvidar que a la hora de decidir qué impuestos se cobran, a qué tasas se cobran, y a quiénes se les cobran, el Ejecutivo propone, pero el Legislativo dispone, y hasta donde sé el Legislativo no forma parte del mentado acuerdo. En el artículo 73, inciso VII, de la Constitución, leemos que entre las tareas del Congreso se encuentra la de “imponer contribuciones necesarias para cubrir el presupuesto”, de tal manera que, si con lo recaudado no alcanza, el Legislativo puede, ¡y debe!, aumentar los impuestos.

Estando así las cosas, ¿cuál es el alcance real del Acuerdo de Certidumbre Tributaria? ¿Exageré, en un artículo anterior, al calificarlo de burla?


[1] Paréntesis mío.

[2] Ibíd.

• Impuestos


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