LUNES, 31 DE MARZO DE 2014
Los derechos sociales, ¿derechos? (III)

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“El derecho a la alimentación de A (siendo A una persona adulta, responsable ante sí misma por sí misma), ¿supone la obligación positiva de B de darle de comer?”


El objetivo de estos artículos es develar la naturaleza de los “derechos sociales”, que son el resultado de confundir derechos de responsabilidad negativa (no hacer daño) con derechos de responsabilidad positiva (sí hacer el bien), y buen ejemplo de ellos es el derecho a la alimentación que, desde la perspectiva de los “derechos” sociales, supone una obligación positiva, de tal manera que el derecho a la alimentación de A tiene como contrapartida la obligación de B de darle de comer, momento de repetir lo dicho en el último Pesos y Contrapesos.

El derecho a la alimentación de A (siendo A una persona adulta, responsable ante sí misma por sí misma), ¿supone la obligación positiva de B de darle de comer? No: si así fuera B sería responsable de darle de comer a A, y A sería responsable de darle de comer a C, así una y otra vez, lo cual no tendría sentido. ¿Qué tipo de obligación supone, de parte de B, el derecho a la alimentación de A? Una doble obligación negativa: no impedirle hacer lo que tenga que hacer para conseguir alimentos; no robarle sus alimentos, doble obligación negativa de B que resulta indispensable para garantizar el derecho de A a la libertad individual, para trabajar y conseguir alimentos, y a la propiedad privada, para poseer sus alimentos.

Si del derecho a la alimentación pasamos al derecho a la atención médica, a la educación, a la vivienda, otros tres “derechos” sociales paradigmáticos, ¿mi argumento sigue siendo válido? Sí, lo cual quiere decir que, estrictamente hablando, no existe el derecho a la alimentación, a la atención médica, a la educación, a la vivienda (¡no confundamos necesidad con derecho!), sino el derecho a la libertad individual para, lícitamente, adquirir los satisfactores que cada una de esas necesidades requiere para su satisfacción y, ya adquiridos, el derecho a la propiedad privada sobre los mismos, libertad individual y propiedad privada que son derechos naturales, con los que la persona es concebida, y que ésta tiene por el simple hecho de serlo.

Los defensores de los “derechos” sociales afirman que el derecho a la alimentación de A supone la obligación positiva de B de darle de comer, siendo B, invariablemente, el gobierno, responsable de hacer valer todos los “derechos” sociales, que, dicho sea de paso, pueden ser tantos como tantos se les ocurran a los legisladores, “derechos” sociales que se podrían sintetizar en el “derecho” a la felicidad, el non plus ultra de tales “derechos”.

Un ejemplo de que los “derechos” sociales suponen la obligación positiva del gobierno de hacerlos valer lo tenemos en el tercer párrafo, del artículo cuarto, de la Constitución Política de lo Estados Unidos Mexicanos, en el cual se apunta que: “Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad”, rematando con esta afirmación: “El Estado lo garantizará”, Estado que, para todo efecto práctico, es el gobierno en turno, momento de preguntar, ¡pregunta clave!, de dónde saca el gobierno los recursos para hacer valer ese derecho.

Continuará.

• Intervencionismo

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