LUNES, 7 DE ABRIL DE 2014
La peligrosa LFCE

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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Señores legisladores, la planificación central económica en materia de competencia no es el camino correcto. Ojalá lo entiendan a tiempo.”


A poco más de 20 años de haberse aprobado la Ley Federal de Competencia Económica, resulta evidente que no ha sido suficiente para garantizar una sana competencia en nuestra economía.

En este sentido, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha señalado que los consumidores mexicanos gastan alrededor de 40% más en mercados con problemas de competencia. Asimismo, el Reporte del Foro Económico Mundial sobre Competitividad Global 2013 – 2014, en el apartado titulado “Efectividad de la Política de Competencia Económica”, ubica a México en el lugar 114 de 148 del mundo, por detrás de países como Panamá (25), India (29), Zambia (37), Brasil (40), China (55), El Salvador (59), Colombia (78), Honduras (112).

Así las cosas, El pasado 19 de febrero el Ejecutivo Federal presentó la iniciativa de Ley Federal de Competencia Económica (LFCE). Durante un mes se han celebrado multitud de foros y debates sobre las bondades y defectos de esta iniciativa. El pasado 25 de marzo una versión modificada fue aprobada por la Cámara de Diputados y enviada al Senado para su evaluación y aprobación.

Suena muy bien que se intente diseñar una ley que promueva mayor competencia entre los distintos sectores y agentes económicos. Lamentablemente otra vez el problema es el cómo.

Si lo que se pretende es crear una burocracia todopoderosa (de facto ya existe con la Comisión Federal de Competencia Económica, COFECE, por sus siglas) que decida qué empresas entran o salen de un mercado, qué precios cobrar en función de los precios de los insumos y de los márgenes de utilidad, quién se fusiona y quién no, quién debe separarse o desincorporar activos, quién es dominante o no, y en general quién “es un peligro” para el consumidor, estaremos en una situación muy grave para la libertad económica de México y la soberanía de los consumidores.

Es absurdo que burócratas desde un escritorio decidan el “tamaño óptimo” de una empresa. El tamaño óptimo lo debe decidir libremente el mercado, a través de la decisión de millones de consumidores y oferentes. En todo caso el papel de las instituciones debe limitarse a derribar las barreras de entrada para que no exista un solo proveedor (si este es producto del talento humano como en su momento le pasó a Microsoft, no debe la autoridad intervenir, el paso del tiempo llevará a que entren nuevas empresas que compitan libremente); al final el mercado con decisiones tomadas por millones de seres humanos es quién decide qué empresas son las eficientes y deben quedarse y cuáles son las ineficientes y deben salir del mercado. Un burócrata desde un escritorio simplemente será ineficaz para escoger quién es la empresa más eficiente. Por eso la planificación central soviética colapsó, jamás serán eficientes las decisiones económicas que tome un solo hombre o mujer o aún un “pequeño comité de sabios”, como pretende ser COFECE.

Por lo pronto, ya hay inversionistas internacionales que están siguiendo con nerviosismo y preocupación como acaba siendo publicada la nueva ley federal de competencia. Se teme, y con razón, que la COFECE podría convertirse en un “monstruo de mil cabezas”, que inhiba a las tan necesitadas inversiones nacionales e internacionales. Si “mañana”, por talento hacia los consumidores, una empresa eficiente es declarada dominante, entonces las reglas del juego no estarán bien y lo que le puede pasar a México es registrar desinversiones (fuga de capitales) como le está ocurriendo a Venezuela y a su dictatorial gobierno de planificación central. 

Es menester revisar con cuidado la nueva ley de competencia. Aplaudo el esfuerzo que hacen las autoridades para que los mercados mexicanos sean más abiertos a la competencia (y por cierto, espero no queden impunes los monopolios de Pemex y CFE, como ha ocurrido siempre), pero cuidado con una mala redacción de la ley que se preste a interpretaciones discrecionales de la autoridad y que termine por minar la generación de riqueza. El camino al infierno siempre está lleno de buenas intenciones.

Dejo al lector un documento que hicieron favor de enviarme los especialistas del Centro para la Investigación y Desarrollo (CIDAC), en donde distintos especialistas analizan las fortalezas y debilidades de la nueva ley de competencia. Ojalá le llegue a tiempo a los legisladores para que en su caso corrijan los defectos de una ley que podría, contrario a su espíritu, restar competitividad a la economía mexicana:

http://reddecompetencia.cidac.org/propuestas/Reflexiones_a_la_Iniciativa_de_Ley_de_Competencia_Econ_mica.php

Insisto, si se pretende crear una mega burocracia que controle y decida quién, cómo y cuanto producir y a qué precio cobrar (todas estas decisiones las toma el mercado, no el gobierno), estaremos en la antesala de la desastrosa planificación central. Esa que colapsó a los soviéticos y sus satélites, y que mantiene en la miseria a países como Cuba y Corea del Norte.

Señores legisladores, la planificación central económica en materia de competencia no es el camino correcto. Ojalá lo entiendan a tiempo.

• Competencia • Problemas económicos de México • Planificación

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