MIÉRCOLES, 16 DE ABRIL DE 2014
Apología del mercado (II)

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“El mercado no es, ni el lugar donde se ofrecen y demandan mercancías, ni tampoco la oferta de, y demanda por, bienes y servicios, sino la relación de intercambio entre oferentes y demandantes, el acto de compra – venta”


El mercado no es, ni el lugar donde se ofrecen y demandan mercancías, ni tampoco la oferta de, y demanda por, bienes y servicios, sino la relación de intercambio entre oferentes y demandantes, el acto de compra – venta, que es desacreditado por quienes descalifican (tal vez sin estar conscientes de lo que hacen) al mercado: hay quienes lo consideran un mal necesario, que debe ser controlado; hay otros que lo consideran un mal innecesario, que debe ser reemplazado, siendo que unos y otros lo critican, momento de preguntar si las críticas al mercado, entendido correctamente como la relación de intercambio entre oferentes y demandantes, como el acto de compra – venta, tienen algún sustento en la realidad, o son consecuencia de prejuicios e ignorancia.

Para responder preguntémonos ¿por qué intercambiamos?, ¿por qué participamos en actos de compra – venta? Porque de esa acción, que realizamos voluntariamente, pretendemos obtener un beneficio, mismo que, por lo general, obtenemos, beneficio cuya obtención supone alcanzar un mayor nivel de bienestar.

Primer punto: tanto el comprador, como el vendedor, participan en la compra - venta voluntariamente, lo cual quiere decir que el vendedor no obliga al comprador a comprar, ni el comprador obliga al vendedor a vender. El concepto de intercambio mercantil lleva implícita la idea de la voluntariedad de las partes involucradas: ninguna de ellas obliga a la otra. Si lo hiciera ya no se trataría de un intercambio mercantil, sino de un robo, sui generis, pero robo.

Segundo punto: el resultado del intercambio es, para cada una de las partes involucradas, en mayor bienestar, por la sencilla razón de cada una de ellas valora más lo que recibe que lo que da. Si no fuera así no habría manera de entender el intercambio, es decir, no habría forma de explicar, ni la conducta del comprador, ni la del vendedor. El resultado del intercambio es, estrictamente hablando, el bien común: bien, porque hay un beneficio; común, porque el beneficio es para ambas partes, momento de tener en cuenta que muchas de las críticas que se le hacen al mercado van en el sentido de que el mismo no promueve el bien común, crítica que sólo puede ser el resultado, o del prejuicio, o de la ignorancia, pero no del saber basado en el juicio correcto.

Otra crítica que se le hace al mercado es que el mismo no da como resultado el intercambio de valores equivalentes, lo cual, ¡no sólo es cierto!, sino es lo hace posible el intercambio, por lo ya dicho: cada una de las partes involucrada en un intercambio valora más lo que recibe que lo da a cambio. Si A cambia con B una manzana por una pera, razón por la cual B cambia con A una pera por una manzana, es porque A valora más la pera que recibe que la manzana que da a cambio, razón por la cual B valora más la manzana que recibe que la pera que da a cambio. Ello, ¿tiene algo de malo? ¿De condenable?

Continuará.

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