LUNES, 10 DE ABRIL DE 2006
¿Reforma migratoria?

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Cuando los gobiernos interfieren la integración natural que se da en los mercados, sólo acaban distorsionando los precios, y en consecuencia, alterando la asignación de recursos óptima.”


Después de la decepcionante propuesta de reforma migratoria (que esperamos no sea aprobada), que además tiene que ser nuevamente concertada con la Cámara Baja (el equivalente a la cámara de diputados) para que se hagan las modificaciones definitivas (las que podrían incrementar las restricciones), no sabemos qué otro Frankestein esperar. Por lo pronto hay un acuerdo base y éste establece algunas cláusulas como las siguientes: los indocumentados con al menos 5 años de trabajar y vivir en los Estados Unidos podrán legalizarse después de pagar multas por 2 mil dólares, impuestos federales y estatales atrasados, demostrar que carecen de antecedentes penales y demostrar que están aprendiendo inglés. Asimismo, quienes tengan de 2 a 5 años trabajando y viviendo en EU podrán obtener una visa temporal de trabajo, luego de reportarse a una garita fronteriza. O sea, los trabajadores tendrán que dejar temporalmente EU, arreglar en su país de origen los requisitos normales de inmigración, para luego posteriormente regresar a la Unión Americana a seguir laborando. ¿Absurdo, amigo lector?, pues sí aunque no lo crea.

 

El acuerdo también contempla un plan para recibir a 1.5 millones de jornaleros temporales en 5 años, que además incluirá la verificación migratoria de los empleados. Estos jornaleros además en un primer momento serían deportados y de ahí nuevamente llevados bajo el arreglo temporal a EU. México tendría que recibir a cerca de 2 millones de trabajadores, lo que a todas luces supera la capacidad e impone costos prohibitivos al gobierno mexicano para monitorear a todos estos trabajadores.

 

Finalmente, ya no se contempla un muro fronterizo (el que alguna vez dijimos que era una patraña, pues hoy día las finanzas del gobierno americano no andan del todo bien), aunque sí una “muralla virtual”, que se compondría, de aquí al año 2011, por 14 mil nuevos policías, acompañados de cámaras, sensores y aviones no tripulados.

 

En días recientes el embajador norteamericano en México, Tony Garza, declaró que Estados Unidos actuará sólo en base a los intereses del pueblo norteamericano, y por lo pronto estas medidas están en concordancia con esta estrategia.

 

¿A que le suena todo esto amigo lector? Claro, nuevamente a atole con el dedo. No, no, cuando los gobiernos interfieren la integración natural que se da en los mercados, sólo acaban distorsionando los precios, y en consecuencia, alterando la asignación de recursos óptima. Con estas decisiones se favorecen a diversos intereses, pero no a los del pueblo americano. Desde hace ya hace varias décadas, las necesidades de ciertos sectores de la economía gringa, requieren de la fuerza laboral mexicana. Esto se da en un contexto de bajos costos para las empresas, lo que se traduce en productos al consumidor a precios competitivos. Así las cosas, es ridículo pedirle a los trabajadores indocumentados que, a cambio de su residencia legal, paguen impuestos atrasados. ¿Por qué?, si no han recibido contraprestación alguna como serían servicios médicos. Al contrario, el gobierno gringo debería retribuirle esto a los trabajadores. Todavía más ridículo, a aquellos trabajadores que tengan menos de dos años, se les hará salir de sus escondites para que regresen a sus países de origen a “normalizar” (lo que esto signifique) su situación migratoria. Sí, como no. No sabemos qué sucedió, pero sospechamos que nuevamente intereses de grupos sindicales poderosos en EU (esos que hace poco salieron a realizar protestas en apoyo a Napoleón Gómez, ex líder minero, prófugo acusado de fraude; no cabe duda los intereses corporativos están globalizados) están imponiendo sus posiciones en el mercado laboral.

 

Parece que el gobierno norteamericano ya olvidó la historia. EU es el país más rico del planeta gracias a la libertad con la que ha vivido esa nación desde que se formó. Fue la búsqueda de la libertad y el miedo a la intolerancia política y religiosa, que predominaba en Europa, lo que alimentó la llegada de los primeros inmigrantes a la Unión Americana. No eran gente educada, sino más bien eran trabajadores con mucha ambición de progresar. La mayoría era gente de bien. Por supuesto no faltaron ladrones y asesinos, pero sólo el advenimiento de las instituciones y sus leyes pusieron límite a los forajidos. Hoy día estúpidamente se argumenta que emigración mexicana a EU no es fuerza laboral calificada (con entrenamiento técnico y/ títulos universitarios). Se olvida que los primeros inmigrantes americanos tampoco tenían una educación formal. Fueron el espíritu de libertad y tolerancia religiosa con la que aquel país prosperó hasta convertirse en la nación más poderosa del planeta.

 

No es la educación en sí misma la que hace ricas a las sociedades. Nuestros países latinoamericanos a lo largo de la historia reciente recibieron una gran gama de refugiados europeos, en su mayoría con educación universitaria. Eso no nos sacó del subdesarrollo.

 

A veces se piensa que instituciones educativas estadounidenses de gran prestigio mundial como el MIT ó la Universidad de Princeton, fueron resultado de que el gobierno americano reclutó a diversos científicos refugiados de la segunda guerra mundial (entre ellos a Alberto Einstein). Sí, es cierto, EU aprovechó ese talento humano europeo, pero para ello tuvo que pagar buenos salarios y hacer de EU un país importador (con atractivo imán salarial) de cerebros. Instituciones como las arriba mencionadas no se crearon por la voluntad de los gobiernos (en México muchos erróneamente creen que la investigación y la ciencia sólo está reservada a los gobiernos; con esas ideas, hace años nuestras universidades no forman premios Nóbel, a menos que algún científico mexicano emigre a alguna universidad gringa) sino que fueron resultado de donaciones monetarias jugosas por parte de familias ricas (como los Rockefeller) que hicieron fortuna con los negocios del carbón, el acero, los ferrocarriles y la banca. Cuando estas familias decidían donar recursos para alguna institución educativa (apoyar ó fundar nuevos centros) lo hacían movidos por la insatisfacción de la enseñanza superior del gobierno. Asimismo, establecieron becas para que becarios americanos fueran a realizar doctorados en ciencias en las principales universidades europeas. La libertad económica precedió a los grandes proyectos educativos y a veces fue de la mano, pero nunca al revés. Hoy los centros educativos arriba señalados superan con mucho, a sus contrapartes europeas.

 

Qué fácil se olvida lo anterior. Es cierto, los emigrantes educados enriquecen a las naciones, pero siempre y cuando haya un entorno de libertad que permita a las familias y a las empresas el tomar decisiones económicas sin interferencia gubernamental. De cualquier modo, la emigración no educada también contribuye a crear riqueza, mediante fuerza laboral (sobre todo física) que permite crear productos a más bajos precios para el consumidor norteamericano. De todas formas, los inmigrantes mexicanos en EU, después de la primera generación, son capaces de enviar a sus hijos a la universidad, lo que significa talento humano para el país que acoge a la descendencia de los “ilegales”. Esto en sus países de origen, jamás lo podrían hacer.

 

En fin, si los gobiernos complican la integración natural de las naciones, sólo encarecerán los costos para la economía y tendrán asignaciones de recursos menos óptimas, en perjuicio de millones de consumidores. Por lo pronto, las protestas de latinos han presionado la no construcción de cualquier muralla, propuesta que aún mantienen los grupos conservadores (y por fortuna minoritarios) y desmemoriados históricos. Ya veremos si el poder latino realmente es capaz de defender su libertad a ser reconocido como un pueblo que ha coadyuvado en años recientes a la creación de riqueza en EU. Lo que sí es seguro es que aunque los políticos norteamericanos también respondan a intereses particulares, no podrán frenar (sólo retrasar y entorpecer) un hecho inevitable y que viene ocurriendo desde hace varias décadas a pesar de los políticos: la integración laboral de Norteamérica.


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