LUNES, 9 DE JUNIO DE 2014
Piketty y el segundo teorema del bienestar

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“Hoy la economía mexicana atraviesa por un claro estancamiento económico y ello es culpa del nefasto paquete fiscal de nuevos y más altos impuestos aprobados el año pasado y que están cobrando efecto negativo en el año que está corriendo, el 2014. Y que conste que no es la receta radical que pide Piketty. ”


En la teoría económica convencional se habla de dos teoremas del bienestar. El primer teorema del bienestar apunta que si un mercado está en equilibrio competitivo, el resultado es eficiente en términos de Pareto. Es decir, que en un mercado competitivo, los agentes económicos guiados por el sistema de precios, asignan de la mejor manera sus recursos. Por lo tanto la sociedad maximiza la utilización de los recursos (se alcanza el óptimo de Pareto). El segundo teorema del bienestar establece que dado que se cumple el primer teorema, el gobierno puede redistribuir la riqueza generada entre los agentes económicos y el resultado será nuevamente eficiente, es decir, dado un gravamen impuesto por el gobierno, los agentes económicos reasignarán sus recursos de manera que proseguirán con los intercambios eficientes.

El segundo teorema es el que malinterpretan muchos economistas formados en las convencionales escuelas y facultades de economía. De ahí que a mí no me sorprende el ver a economistas como el francés Thomas Piketty, abogando por imponer en el margen impuestos altísimos para supuestamente corregir la desigualdad social. Se refiere a la llamada tasa impositiva marginal, o lo que se me cobra de impuestos después de una determinada cantidad de ingreso que el gobierno considera “excesiva”. Para Piketty dicha cantidad debe ser fijada a partir de quien gane 500 mil dólares anuales. Propone una tasa global de 80% de impuestos al ingreso para quien gane por arriba de dicha cantidad y un impuesto global al patrimonio de 5% a 10% anual a quienes posean más de 1,000 millones de dólares.

En la llamada caja de Edgeworth, la teoría económica establece que incluso en el margen se podría gravar a alguien con una tasa impositiva de 100% de sus ingresos adicionales y el resultado, apelando al primer teorema del bienestar sería óptimo, pues los agentes económicos reasignarían sus dotaciones de bienes y seguirían intercambiando. Con ese esquema EU no habría sido el país innovador del siglo XX en donde ni siquiera existía el impuesto sobre la renta, hasta que los socialistas llegaron al poder.

Lamentablemente esto da pie a que los socialistas y social demócratas (para efectos prácticos son la misma cosa, despojar a A para darle B) justifiquen la existencia de onerosos y gigantescos estados intervencionistas.

En palabras del economista Hal R. Varian[1], el principal defecto de los teoremas de bienestar (en especial el segundo) es que hay muchas asignaciones que no pueden compararse: no es posible elegir entre dos asignaciones eficientes en el sentido de Pareto. Ejemplo, continúa Varian señalando, “podríamos gravar a las personas con ojos azules y redistribuir esa riqueza entre las personas con ojos castaños, no habría ninguna pérdida de eficiencia en la medida en que no pudiera variar el color de los ojos. También podríamos gravar a las personas con mucha inteligencia y redistribuir dicha riqueza entre quienes tuvieran pocas capacidades de pensamiento. Tampoco habría pérdida de eficiencia en la medida en que la inteligencia se pudiera medir”.

Pero he aquí el problema fundamental, ¿Cómo medimos las dotaciones de bienes de los individuos? Es decir, su riqueza. La mayor parte de la dotación (riqueza) de todas las personas está formada por su capacidad para trabajar. Consiste en el trabajo que podrían considerar vender al mercado (esfuerzo laboral) y no en la cantidad que terminan vendiendo. Los impuestos estilo Piketty terminarían creando graves distorsiones en el mercado de trabajo, pues con el impuesto se alteraría el sistema de precios, que es crucial para que una persona o empresa ofrezca sus servicios productivos.

Piketty y demás economistas amantes de la redistribución del ingreso pasan por alto el pequeño gran detalle de los incentivos económicos para ahorrar, invertir y trabajar. En la medida en que las tasas impositivas marginales son altas, los individuos y las empresas tienen poco estímulo para asignar recursos en proyectos productivos. Una tasa impositiva estilo Piketty, simplemente conllevaría a la destrucción de la riqueza y por ende a un mayor número de pobres, eso sí todos igualitos de miserables.

Hoy la economía mexicana atraviesa por un claro estancamiento económico y ello es culpa del nefasto paquete fiscal de nuevos y más altos impuestos aprobados el año pasado y que están cobrando efecto negativo en el año que está corriendo, el 2014. Y que conste que no es la receta radical que pide Piketty.

Es absurdo lo que Piketty y sus colegas buscan. Lo más importante en toda economía no es ser iguales, sino dejar de ser pobres, y para ello es fundamental un clima favorable a los negocios que no pasa ni remotamente por subir los impuestos. Hasta el mismo Secretario de Hacienda Videgaray, lo ha reconocido, el menor consumo e inversión por parte de las familias y empresas se debe a los mayores impuestos aplicados este año en México. El gobierno mexicano está recaudando mucho (producto de los más altos impuestos del paquete fiscal) y las familias tienen por lo tanto menores recursos para consumir e invertir. Así de sencilla es la ecuación y no lo que charlatanes como Piketty intenta vendernos como el “paraíso económico”.

Piketty y sus colegas no pasan de ser meros burócratas académicos que no saben nada sobre generar riqueza porque no son hombres de empresa. De ahí su animadversión por el capitalismo.

Ojalá los señores del gobierno mexicano no se contagien de la filosofía estatista estilo Piketty, aunque parece que ya le están haciendo caso al construir su oneroso y burocrático estado de bienestar (malestar en realidad para los contribuyentes) que requerirá de crecientes impuestos en el futuro, aunque lo niegue el mismísimo Presidente de la República.

México debe transitar hacia el desarrollo en un favorable clima de negocios (con una tasa baja de impuestos) y respeto pleno de los derechos privados de propiedad y no como parece quiere el gobierno mexicano, aplicar tasas impositivas estilo Piketty que sólo haría que los mexicanos y las empresas fueran más iguales, pero igual de jodidos, para ser más correctos.

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[1] VARIAN Hal, Microeconomic Analysis, ed. W.W Norton & Company, 1992

• Reforma fiscal • Impuestos • keynesianismo • Pensamiento económico

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