Pesos y contrapesos
Ago 13, 2014
Arturo Damm

Reformas, ¿ahora sí? (I)

El proceso de reformas estructurales está inconcluso, y lo está en la reforma más importante de todas.

El lunes 11 de agosto el presidente Peña Nieto promulgó la reforma energética, con lo cual se dio por concluido el periodo de elaboración (presentación, discusión, modificación y proclamación) de las reformas estructurales, primer paso para, como dice la propaganda gubernamental, “Mover a México”, lo cual supone, antes que otra cosa, elevar la tasa de crecimiento económico, es decir, conseguir mayores incrementos en la producción de bienes y servicios, en el Producto Interno Bruto, el PIB, intención ante la cual pregunto, ¿ahora sí?

Lo primero que hay que reconocer es que, ¡ahora sí!, y haya costado lo que haya costado, tanto en términos de lo que los opositores (PAN y PRD) tuvieron que ceder, como en términos de lo que quienes detenta el poder (PRI) tuvieron que conceder, hubo reformas, y cito las relacionadas directamente con la economía: la laboral; la educativa; la financiera; la de competencia; la fiscal; la de telecomunicaciones y la energética que, sobre todo en su parte petrolera, y por lo que la mismo supuso en términos de superar prejuicios y vencer falacias, es considerada la reforma de reformas, la madre de todas las reformas, la reforma, si no suficiente, si necesaria, punto de vista con el cual no estoy de acuerdo.

La reforma, si no suficiente, pero si necesaria; la madre de todas las reformas; la reforma de reformas, debería haber sido la fiscal, tanto en su parte presupuestal (en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno), como tributaria (qué impuestos, a qué tasas, y a quién se le cobran), “reforma” que dio como resultado más de lo mismo (lo que he llamado el engendro tributario), pero agravado (más impuestos y más gasto gubernamental, todo ello enfocado a una mayor redistribución del ingreso, como si de ello dependiera, verdaderamente, un mayor progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente).

Sin restarle mérito a la reforma energética, no es verdad que la misma haya sido, de todas las reformas, la más importante. Si se hubiera hecho una reforma fiscal, que en lo tributario hubiera apuntado hacia el Impuesto Único a las Compras Finales, el IUCF (tema que traté profusamente en este espacio), el efecto sobre la competitividad del país, definida como la capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos, y generan ingresos, hubiera sido considerable, y no sólo en la industria petrolera o eléctrica, por más que las inversiones en estas industrias generen un proceso multiplicador de las mismas.

La reforma fiscal sigue pendiente. El proceso de reformas estructurales está inconcluso, y lo está en la reforma más importante de todas.

Continuará.



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