Pesos y contrapesos
Ago 15, 2014
Arturo Damm

Reformas, ¿ahora sí? (II)

¿Existe un fin general, a partir del cual pueda medirse la eficacia de todas ellas?

Cada una de las seis reformas estructurales, relacionadas con la economía, tiene un objetivo particular.

Energética: atraer más inversiones al sector para lograr una mayor oferta de energía (electricidad, petróleo, gas natural) a menor precio, con todo lo que ello supone en ámbitos que van, desde el costo de producción de las empresas, hasta el consumo de las familias.

Telecomunicaciones: incrementar la competencia en el sector, con el fin de lograr una mayor oferta, a menor precio, de los servicios de telefonía, mensajes de texto, Internet, televisión de paga, radio comunicación, etc., con todo lo que ello significa, nuevamente, en frentes de la actividad económica que abarcan, desde el consumo de las familias, hasta los costos de producción de las empresas.

De competencia: lograr la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, competencia cuyo efecto es la trilogía de la competitividad –menores precios, mayor calidad y mejor servicio–, siempre en beneficio de los consumidores (que somos todos), con todo lo que ello supone, de nueva cuenta, en  ámbitos que van, desde el precio de los factores de la producción, para las empresas, hasta el precio de los bienes y servicios de consumo final, para las familias, precios que, gracias a la mayor competencia posible, deberán bajar.

Financiera: conseguir una mayor oferta de crédito, a menor precio, con todo lo que ello puede significar para las empresas y las familias: más crédito y más barato, lo que para las empresas puede traducirse en más producción y más empleos, y para las familias en más empleos y más consumo (sobre todo si el crédito se ofrece y demanda prudentemente).

Laboral: lograr la creación de más (para todo el que quiera contratarse) y mejores (más productivos y mejor pagados) empleos, con todo lo que ello puede significar, sobre todo, para la economía familiar: empleos para todos; mayores salarios; más consumo; menos escasez; mayor bienestar.

Hacendaria (la reforma que no fue): aumentar la recaudación y el gasto gubernamental para “atender las necesidades prioritarias de le población, reducir la desigualdad en la distribución del ingreso e invertir en rubros estratégicos que detonen un mayor crecimiento económico”[1], todo lo cual se resume así: más redistribución, más quitarle a A lo que es de A, para darle a B lo que no es de B, con los efectos negativos para A.

Estos son los objetivos de las reformas, para lo cual se modificaron, en cada caso, las reglas del juego, comenzando por la Constitución, de la cual se reformaron 65 de sus 136 artículos (47.8 por ciento).

¿Existe un fin general, a partir del cual pueda medirse la eficacia de todas ellas?

Continuará.

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[1] http://reformas.gob.mx/reforma-hacendaria/que-es



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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