Pesos y contrapesos
Ago 18, 2014
Arturo Damm

Reformas, ¿ahora sí? (III)

Reformas estructurales importantes, ya las hubo en el pasado (las del salinato), y las mismas no tuvieron mayor efecto sobre la tasa de crecimiento del PIB. Por ello la pregunta: ¿ahora sí?

Cada una de las seis reformas estructurales relacionadas con la economía (energética, telecomunicaciones, de competencia, financiera, laboral y fiscal) tiene un objetivo particular, y la pregunta es si existe un fin general a partir del cual pueda medirse la eficacia de todas ellas, consideradas en conjunto.  ¿Existe ese fin, a cuyo logro deberán contribuir, desde el frente que les sea propio, las seis reformas estructurales? Sí, y no es otro más que el crecimiento de la economía, medido por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, el Producto Interno Bruto, el PIB, cuyo desempeño, de 2001 a 2013, ha sido por demás mediocre: 2.1 por ciento de crecimiento promedio anual. Mediocre, ¿por qué? Porque la tasa  de crecimiento promedio anual de la población en México, de 2001 a 2013, fue 1.2 por ciento, lo cual dio como resultado una tasa de crecimiento promedio anual del PIB por habitante de 0.9 por ciento.

Dicho de otra manera: entre 2001 y 2013 la tasa de crecimiento promedio anual del ingreso por habitante (el PIB mide tanto la producción de bienes y servicios como la generación de ingreso), en México, fue del 0.9 por ciento, lo cual quiere decir que, en promedio, en 2013 los mexicanos contamos con solamente 11.4 por ciento más ingreso que en 2001. Tales han sido, en lo que va del siglo XXI, las consecuencias del mediocre crecimiento del PIB: 2.1 por ciento en promedio anual, y el fin general de las reformas estructurales, al margen de los fines que se persiguen con cada una de ellas, es lograr, de manera habitual, no excepcional, un mayor crecimiento del PIB. Mayor, ¿de cuánto? De por lo menos el 5 por ciento, en promedio anual, tal y como se estableció en el Pacto por México, en cuyo texto leemos, y cito, que “México (es decir: la economía mexicana) debe crecer por encima del 5 por ciento”, y debe hacerlo como consecuencia de las reformas estructurales, lo cual supone multiplicar por 2.4 el crecimiento promedio anual de los últimos trece años (de hecho de las últimas tres décadas: entre 1983 y 2013 el crecimiento promedio anual del PIB mexicano fue…¡2.2 por ciento!).

Este, el crecimiento del PIB, y por ello del ingreso,  será la variable con la cual se medirá la eficacia, no de ésta o aquella reforma estructural, sino de las seis en conjunto, y la pregunta es si ahora sí se conseguirá esa meta: un mayor crecimiento, sostenido, del PIB. La pregunta viene a cuento porque reformas estructurales, importantes, ya las hubo en el pasado (las del salinato), y las mismas no tuvieron mayor efecto sobre la tasa de crecimiento del PIB. Por ello la pregunta: ¿ahora sí?

Continuará.



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