MARTES, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2014
Combatir la pobreza

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“La pobreza claramente no es un problema de recursos disponibles para erradicarla, sino de otros tres elementos...”


Cientos de miles de millones de pesos a lo largo de décadas destinados a combatir la pobreza y ésta simplemente no se abate. Casi 50% de la población es pobre y casi 20% de ésta vive en condiciones de pobreza extrema. Solidaridad, Progresa, Oportunidades y ahora Prospera, son los nombres que desde la década de los noventa del siglo pasado se le han dado a los programas gubernamentales que nominalmente han tenido como objetivo abatir la lacerante pobreza en la que vive una parte significativa de los mexicanos y los resultados son desastrosos. Claramente no es un problema de recursos disponibles para tal fin sino de otros tres elementos.

Primero, la prácticamente nula tasa promedio de crecimiento del PIB real por habitante en los últimos 32 años. Una economía que no crece de manera sostenida y a tasas elevadas no está en condiciones de reducir significativamente la alta incidencia de pobreza. Peor aún en el caso de México, las diferentes crisis económicas por las que ha atravesado el país en las tres últimas décadas (1982, 1986, 1988, 1995 y 2009) implican que cualquier ganancia que se logre en abatir la pobreza, por mínima que sea, desaparece con cada crisis y más aún, en algunas ocasiones hasta se agudiza. Es entonces claro que si la economía mexicana no entra en una dinámica de crecimiento alto y sostenido en un marco de estabilidad macroeconómica, no importa cuántos recursos se destinen a través de diferentes programas gubernamentales, la alta incidencia de pobreza persistirá.

Segundo, un muy deficiente arreglo de los derechos de propiedad de la tierra destinada a actividades agropecuarias. La mayor incidencia de pobreza se presenta en las zonas rurales del país y eso no sorprende ya que es el resultado directo de una pésima reforma agraria. Los ejidos son un tipo de organización productiva que no genera los incentivos correctos para una eficiente asignación de recursos ni los requeridos para la introducción de técnicas modernas de producción que incrementen la productividad y el ingreso de los productores. Peor aún es el caso del minifundio como resultado de la reforma agraria que atomizó la propiedad de la tierra; quienes son minifundistas están destinados a ser perpetuamente pobres. La baja productividad de una parte significativa de la población rural y, en consecuencia, la alta incidencia de pobreza, ha inducido la migración hacia las zonas urbanas pero, como resultado de su bajo acervo de capital humano, no pueden insertarse productivamente en el sector formal de la economía teniendo, por consecuencia, que dedicarse a labores de muy baja productividad en el sector informal y de ahí el aumento que ha habido en la pobreza urbana. Es obvio que se necesita de una profunda reforma agraria que defina de manera más eficiente los derechos de propiedad.

Tercero, es el diseño mismo de los diferentes programas gubernamentales enfocados a reducir la pobreza. Muchos de ellos tienen un carácter regresivo, es decir, los recursos ejercidos se destinan a los productores agropecuarios más ricos; a los más pobres no les llegan. También, por paradójico que suene, muchos programas tienen el efecto de perpetuar la pobreza, como son aquellos recursos gastados que generan el incentivo para permanecer en ese estado y seguir recibiendo asistencia gubernamental o aquellos que incentivan a los minifundistas a permanecer en esa condición de muy baja productividad y de pobreza. Se requiere un rediseño profundo de los programas para que éstos tengan un efecto positivo y duradero. No hacerlo, aunque ahora se denomine diferente al programa, de poco servirá.

• Problemas económicos de México • Pobreza y desigualdad

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