Economía para todos
Abr 19, 2006
Rigoberto Stewart

Sistema de reparto

El sistema de reparto es un sistema inmoral, insostenible y muy corrupto.

El sistema de reparto es un sistema inmoral, insostenible y muy corrupto.

 

Inmoral. El sistema es inmoral porque viola derechos del individuo. La persona que cotiza obligatoriamente en este sistema se convierte en una especie de esclavo de la entidad que regula y decide sobre las pensiones. Esa entidad, y no el individuo, es quien decide cuándo o a qué edad se pensiona; también decide el monto de la pensión, el cual no guarda relación con la capitalización de los aportes.

 

Insostenible. Estos sistemas siempre tienden hacia el colapso, porque los que los idearon no contaban con el progresivo envejecimiento de la población; ellos contaban con que por cada 100 trabajadores que se jubilan, otros 100 ingresan al mercado laboral y cotizan; pero los avances en la medicina y salud, en general, hacen que los seres humanos vivan más años. Por ejemplo, en  Costa Rica, en 1970, había 32 cotizantes por cada pensionado; pero ya en 2002 solo había 7,1, y se proyecta que en el 2050 habrá solo 3. La diferencia entre los nuevos aportes y los montos de cada pensión, al igual que el hecho de que en muchos casos los familiares continúan recibiendo la pensión después del deceso del pensionado, contribuyen a la insostenibilidad del sistema.

 

Para que el sistema no colapse, los gobernantes se ven forzados a aplicar reformas continuamente, las cuales incluyen el incremento de la edad de retiro y de las cotizaciones, y reducción de los beneficios a través de impuestos. Cuando fijan la edad de retiro en 90 años o más, el sistema será totalmente sostenible porque nadie disfrutará de una pensión. La estafa será completa.

 

Corrupto. El sistema de reparto es absolutamente corrupto, pues esquilma a los cotizantes de muchas maneras. En Costa Rica, antes de la reforma al sistema de Invalidez, vejez y muerte, en 2005, una persona que contribuía 15 años (180 cuotas) no adquiría derecho a ninguna pensión, dado que el requisito mínimo era de 20 años cotizados y 65 años de edad. Un robo. Después de la reforma, se le otorga un beneficio, pero este no es una pensión completa. Si una persona cotiza durante 10 años y luego tiene que dejar el país, no se le devuelve absolutamente nada; se quedan con todo lo cotizado.

 

Otro aspecto absolutamente inmoral es la forma de calcular los beneficios que recibe el pensionado; como estos no guardan relación con lo cotizado y capitalizado, los encargados de las pensiones hacen fiesta con plata ajena: privilegian a algunos grupos, en especial políticos o burócratas, y penalizan a otros, principalmente al trabajador común. Así, por una parte encontramos a unos individuos recibiendo 10, 20 o 30 veces más de lo que les correspondería en un sistema de capitalización individual, en tanto que otros reciben solo el 10 o 20 por ciento de lo que les correspondería en dicho sistema. Los regímenes ticos son el epítome de este robo. Tema de la próxima columna.



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Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

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