VIERNES, 23 DE ENERO DE 2015
Obama, altanero y pertinaz populista

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“La actitud retadora de Obama no augura buenos resultados en el tiempo que le queda.”


En su informe presidencial del martes pasado el Presidente Barak Obama dobló su apuesta para seguir el camino que muchos consideran ilegal, de adoptar reformas y proponer cambios por órdenes del Ejecutivo, frente a un Congreso hoy dominado absolutamente por sus opositores.

Con un discurso triunfalista y fatuo declaró victoria económica por la (mediocre) recuperación de la Gran Recesión, iniciada en 2008, y por la caída del desempleo; y el triunfo sobre el terrorismo islámico extremo –palabras vedadas en su diccionario-justo cuando hay un recrudecimiento del terror en buena parte del orbe.

Su perorata fue un prodigio de lugares comunes y demagogia redistributiva: gravará herencias de los ricos y topará las utilidades de sus inversiones para darle a la “clase media” subsidios para acceder a educación superior y guarderías infantiles, y hará una rebaja impositiva para matrimonios en los que ambos cónyuges tengan empleo.

Ignorando el elevado déficit estructural en las finanzas públicas debido a los pasivos del gobierno por transferencias, pensiones y cobertura médica, Obama ofrece no solo gastar lo que recaude con nuevos impuestos sino ampliar el déficit para sustentar un derroche aún mayor, cercano al 28% del PIB con ingresos de solo 23% del PIB.

El problema de Obama es que carece de la autoridad para adoptar nuevos impuestos y planes de gasto sin la autorización del Congreso, pues la Constitución le otorga la responsabilidad de los dineros públicos al Legislativo, sin ambigüedades y de manera tajante, y sus líderes ya indicaron que nunca aprobarán los dislates propuestos.

Por si fuera poco, Obama pretende volver a elevar el impuesto sobre ganancias de capital, que era del 15% cuando llegó a la presidencia y que sería de casi el doble en el improbable caso de salirse con la suya. Tal propuesta es veneno puro para alentar un más rápido crecimiento pues constituye un poderoso desincentivo a la inversión.

Quiere también ampliar ausencias pagadas por enfermedad y regalar la colegiatura a quienes deseen asistir a colegios comunitarios, entidades educativas con programas de dos a cuatro años, a un costo estimado en 60 mil millones de dólares en una década. Esta propuesta está diseñada para beneficiar sobre todo a minorías étnicas.

Respecto al medio ambiente, Obama decidió aliarse con los ecologistas radicales y ha dado señales que vetará la autorización para construir el oleoducto Keystone XL entre Canadá y Texas, que el Congreso enviará para su firma, y continuará con su guerra contra el carbón, energético clave en regiones importantes de EU.

El asunto del oleoducto canadiense, que el Departamento de Estado va “estudiando” desde 2008, ya tuvo su primera consecuencia en la cancelación que hizo el Primer Ministro Stephen Harper de la reunión de líderes de Norteamérica, programada para el mes próximo con el propio Obama y nuestro Presidente Enrique Peña Nieto.

En otros temas foráneos, la precipitada salida de las fuerzas armadas de EU de Irak y su falta de liderazgo en Siria, prohijaron el surgimiento del califato islámico de Irak y el Levante, banda terrorista que es un semillero para entrenar islamitas occidentales radicalizados que representan una seria amenaza en sus países de origen.

La situación en Afganistán también es desastrosa pues el vacío dejado por la huida de EU posibilita el regreso de los talibanes. Y en Yemen, que Obama puso como ejemplo del éxito de su política, los terroristas radicales tomaron la sede del gobierno el mismo martes de su discurso, y controlan ya la mitad de Saná, su capital.

Los analistas están de acuerdo en que el discurso de Obama pretende consolidar su legado con los mensajes de que él logró la recuperación de la economía de la peor recesión en siete décadas, emprendió la batalla a favor de la clase media y los pobres, y concluyó guerras costosas y prolongadas.

Se dice también que su alocución definió la agenda a su posible sucesora, Hillary Clinton, que el 83% de sus correligionarios desea que lance su candidatura. Pero hay quienes señalan asimismo que le dio un cáliz con una poción envenenada, al marcarle un ideario de extrema izquierda, con propuestas inaceptables para sus opositores y presumiendo de una política exterior exitosa que solo él ve.

El terreno ideológico natural de Clinton es menos radical, ella –y la ciudadanía en su gran mayoría- preferiría trabajar con sus opositores, y la política exterior de Obama, a todas luces fallida, fue hasta hace poco ¡ejecutada por Hillary!

La actitud retadora de Obama no augura buenos resultados en el tiempo que le queda.

• Populismo • Estados Unidos

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