Pesos y contrapesos
Feb 2, 2015
Arturo Damm

Recorte, lo correcto

Hay que aprobar la decisión del gobierno de, ante la caída de ingresos, no recurrir, ni a un nuevo aumento de impuestos, ni a otro incremento en el endeudamiento, sino al recorte de gastos, restando ver qué gastos se recortarán, esperando que no sean los de inversión.

Para financiar sus gastos el gobierno tiene una ventaja sobre los ciudadanos: en última instancia puede obligar a los contribuyentes a pagar más impuestos o, suponiendo que fuera el caso, ¡que en México, dada la autonomía del Banco de México, afortunadamente no lo es!, puede ordenar al banco central a producir más dinero y dárselo para sufragar sus gastos. Comparadas con las de cualquier ciudadano, o cualquier empresa, las restricciones presupuestarias del gobierno son menores, lo cual, si las autoridades fiscales son irresponsables, y por lo general tienden a serlo, puede resultar, ¡y no exagero!, catastrófico. ¿Cuántas crisis económicas no han tenido su causa en el mal manejo de las finanzas gubernamentales, consecuencia de esa restricción presupuestaria laxa, que induce a la irresponsabilidad?

Ante una caída imprevista en ingresos, como lo es hoy la ocasionada por la baja en el precio del petróleo, al gobierno le quedan estas opciones: aumentar los impuestos, incrementar la deuda, reducir el gasto. Lo más sencillo, en el sentido de que causaría menos revuelo entre la gente, sobre todo porque no son capaces de prever sus consecuencias generales y de largo plazo, sería incrementar la deuda. Lo más difícil, en el sentido de que causaría enojo entre las clientelas presupuestarias (todo grupo que se beneficia de alguna partida presupuestaria), sería reducir el gasto, sobre todo si hay que hacerlo en un año en el cual lo que conviene, políticamente, es gastar más, tal y como conviene hacerlo en años electorales. Es lo más difícil, pero es lo correcto.

Es por ello que hay que aprobar la decisión del gobierno de, ante la caída de ingresos, no recurrir, ni a un nuevo aumento de impuestos, ni a otro incremento en el endeudamiento, sino al recorte de gastos, restando ver qué gastos se recortarán, esperando que no sean los de inversión, es decir, los que tienen un efecto positivo en la actividad económica. Tela de donde cortar, de otros rubros, sobra, y ojalá que sea allí donde se meta tijera.



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