MARTES, 24 DE FEBRERO DE 2015
Confianza

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“¿Qué tiene que hacer el gobierno para infundir mayor confianza? En mi opinión son básicamente cuatro acciones.”


Luis Videgaray, en una entrevista que dio al periódico Financial Times, señaló correctamente que uno de los elementos cruciales para que la economía experimente mayores tasas de crecimiento, es recobrar la confianza, misma que ahora está muy disminuida. Sin ella, apuntó, las reformas estructurales no rendirán los frutos esperados.

Dos años en los que la economía ha crecido muy poco (1.1% en 2013 y 2.1% el año pasado) y que dan por resultado una caída acumulada del PIB real por habitante. Esto, aunado a la persistencia de una muy alta proporción de la fuerza laboral trabajando en la informalidad, que junto con la generación empleos formales pero con muy bajos salarios, deriva en una continua caída de la masa salarial, se traduce en que para la mayoría de las familias mexicanas, la expectativa actual de una mejora en el nivel de bienestar está prácticamente cancelada.

Los agentes económicos, tanto empresas como consumidores, requieren de un arreglo institucional que ofrezca certeza, particularmente de carácter jurídico, que induzca a las primeras a invertir y a los segundos a adquirir bienes de consumo duraderos. Sin un mercado interno sólido la economía no puede crecer a tasas significativamente más elevadas de las que hasta ahora se han registrado.

Partiendo de que lo afirmado por el Secretario de Hacienda es válido, la pregunta relevante se resume en una sola cosa: ¿qué tiene que hacer el gobierno para infundir mayor confianza? En mi opinión son básicamente cuatro acciones.

Primero, dar la señal de que el gobierno está efectivamente comprometido con el combate a la corrupción. De acuerdo con una encuesta del periódico Reforma publicada la semana pasada, 60% de los mexicanos perciben que este flagelo ha aumentado durante los últimos dos años. Esto no puede seguir así. El gobierno (tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo) tienen en sus manos la oportunidad de crear un efectivo Sistema Nacional Anticorrupción, uno que incluya un fiscal efectivamente autónomo, con una Auditoría Superior de la Federación reforzada y con un Tribunal Federal de Cuentas. Esta semana, en la Cámara de Diputados, veremos si ese compromiso es realmente asumido.

Segundo, una ley secundaria en materia de transparencia que refleje el espíritu de la reforma constitucional, una legislación que efectivamente obligue a los funcionarios públicos a rendir cuentas por sus acciones. La "bolita" está en la cancha del Senado y, por lo que se sabe, las "sugerencias" hechas por la oficina de la Presidencia de la República no son muy alentadoras. Que salga una nueva ley que inclusive represente un retroceso respecto de lo que ahora tenemos, mandaría una pésima señal, una que en nada abonaría a recobrar la confianza.

Tercero, el gobierno tiene que mostrar una mayor eficacia en el diseño y ejercicio del gasto. A los agentes económicos privados nos están extrayendo una inmensa cantidad de recursos a través de los impuestos y, a la hora de ver la contribución del gobierno al crecimiento, ésta es prácticamente nula. El gobierno está gastando mucho pero sobretodo, está gastando muy mal. El informe de la Auditoría Superior de la Federación respecto del ejercicio fiscal 2013 es escandaloso: corrupción, desvío de recursos e ineficiencia del gasto público es la norma.

Cuarto, garantía judicial del cumplimiento de contratos, la gran ausente en el arreglo institucional vigente.

Si no existen las señales y acciones que muestren que el gobierno está comprometido con la honradez, la transparencia, la eficacia y la garantía de protección de los derechos de propiedad, ese elemento de confianza no se materializará y la economía seguirá teniendo un desempeño mediocre.

• Estado de derecho • Corrupción

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