VIERNES, 3 DE ABRIL DE 2015
Aristegui, ¿Juana de Arco?

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado


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“La Juana de Arco de la libertad de prensa en México representa exactamente lo opuesto: una visión extrema, dogmática, torcida, partidista y poco profesional, además de caprichosa e irresponsable.”


Siempre me pareció execrable el estilo periodístico de Carmen Aristegui, amarillista, estridente, sesgado, áspero y mucho más interesado en armar escándalo que en hacer un periodismo de investigación serio y bien documentado.

Aún peor, la reportera se dedicó en cuerpo y alma a apoyar las eternas candidaturas del demagogo López Obrador como su inveterada propagandista, y jamás cuestionó su retahíla de fechorías, como la toma del Paseo de la Reforma por casi tres meses y las numerosas corruptelas de sus colaboradores más íntimos.

Que yo recuerde, jamás analizó en sus espacios periodísticos las múltiples tonterías propuestas en sus campañas presidenciales por el candidato perenne, que iban desde eliminar la autonomía del Banco de México, reminiscente del dicho de Luis Echeverría de 1973 de que “las finanzas se manejan en Los Pinos” –y así nos fue-, hasta convertir el penal de las Islas Marías en un parque recreativo infantil.

Al igual que la iluminada Juana de Arco convenció al futuro rey Carlos VII de cómo vencer a sus enemigos al ponerse al frente de sus ejércitos, expulsar a los ingleses de Francia y coronarse en la consagrada catedral de Reims, Aristegui enarboló sus dotes publicitarias para llevar a la presidencia a su héroe López Obrador.

A diferencia de la virtuosa doncella de Orleans, a quien se le aparecían Dios y los santos para aconsejarla, Aristegui fraterniza con sus peores demonios: la arrogancia, la altanería, el escándalo y la insolencia, estando siempre dispuesta a llegar a cualquier extremo para avanzar sus causas favorecidas.

Su petulancia me hizo recordar a otro locutor dueño absoluto de la verdad, José Gutiérrez Vivó, con quien tuve muchas discrepancias dada su completa ignorancia en asuntos económicos, pero que jamás aceptó la menor crítica. Él, al igual que Aristegui, terminó en la calle porque en su infinito engreimiento retó a sus patrones.

A mi juicio, la decisión de los hermanos Vargas, dueños de MVS donde Aristegui tenía un espacio radiofónico, era obligada pues el hecho que la locutora hubiera involucrado a la empresa con la sucursal mexicana de un consorcio para filtrar a los medios, información y documentos obtenidos ilegalmente de gobiernos, empresas y personas, la hacía vulnerable a demandas judiciales potencialmente muy costosas.

Aristegui, la Juana de Arco mexicana quien cree encarnar ella sola la libertad de prensa en un país que de otra forma permanecería en el oscurantismo y bajo el yugo de propaganda oficial, no podía aceptar que la decisión de echarla fuera una sensata estrategia de negocios para proteger a la empresa, sino que tenía que ser un complot en connivencia con el odiado habitante de Los Pinos, Enrique Peña Nieto.

Ya encarrerada, y con el predecible apoyo de esa izquierdiza dogmática y hermética que secunda las mismas causas y ataca al gobierno haya o no razón, la heroína denuesta y denuncia a todos, empezando por los empresarios que le abrieron sus micrófonos cuando años atrás tuvo problemas similares en otra estación de radio.

La historia se torna siniestra cuando los aliados incondicionales de Aristegui, quienes inclusive ya proponen postularla para la Presidencia, enfocan su ira y sus virulentos ataques en quienes no están dispuestos a inmolarse por las causas de la heroína, como el respetable analista y colega comentarista de MVS, Ezra Shabot.

Aquí exponen su verdadera calidad moral los zafios apoyadores de la defenestrada locutora, insultando e infamando a Shabot por ser judío, amenazándolo de muerte y pintando suásticas en su casa. Espero ver qué dice de tan aviesa campaña la aliada a ultranza de Aristegui, su compañera de tremendismo informativo Denise Dresser, quién también pertenece a la raza elegida.

A mi juicio, Aristegui debió haber sido cesada hace mucho tiempo, y no solo de MVS.

La “denuncia” del supuesto alcoholismo del Presidente Felipe Calderón, sustentada en la manta que blandió en el Congreso con esa acusación el impresentable bufón de Fernández Noroña, aliado de López, era intolerable por poco profesional.

Aristegui regurgitó el insulto de Noroña y sin hacer la menor investigación, sin recurrir a fuentes secundarias, sin revisar los registros médicos de Calderón, se aventó la puntada de denunciar al aire que el Presidente de México tenía problemas de alcoholismo. MVS la cesó, solo para recontratarla poco después, grave error.

La Juana de Arco de la libertad de prensa en México representa exactamente lo opuesto: una visión extrema, dogmática, torcida, partidista y poco profesional, además de caprichosa e irresponsable, al exponer a potencialmente graves riesgos legales a la empresa donde trabaja, sin molestarse en consultar a sus dueños.

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