MIÉRCOLES, 26 DE ABRIL DE 2006
El debate: Pese a sus defectos, definitorio

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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“La competencia se encuentra lo suficientemente cerrada como para que cualquier error o cualquier acierto permita darle la vuelta a la elección.”


Al final se acordó la realización de dos debates entre candidatos presidenciales. Eso es positivo. Pero Andrés Manuel López Obrador optó por no asistir al primero, mientras que el formato y el número de participantes hacen casi imposible que podamos ver en cualquiera de los dos un debate real: abierto y con réplicas y contrarréplicas.

 

López Obrador hizo valer la estrategia de quien siente que lleva una ventaja imbatible. Sólo aceptó participar en un debate y determinó que éste debía ser el segundo de los dos programados: esto es, el que se llevará a cabo en junio. La decisión tiene lógica pero también un riesgo. La lógica es que el puntero, al no debatir, evita cometer errores que puedan poner en riesgo su ventaja. Pero el riesgo es que la atención de los electores se concentre en los candidatos que sí participan en el debate y éstos aumenten su popularidad frente al puntero.

 

Por otra parte las reglas, como suele ocurrir en este tipo de ejercicio en México, parecen hechas para evitar una discusión real. Lo que vimos en esta ocasión, como tantas otras veces en el pasado, es una serie de discursos de los candidatos. El hecho de que haya cuatro participantes en el primer debate y cinco en el segundo, por otra parte, hace difícil que haya un verdadero debate. En la televisión sólo funcionan realmente los debates de dos o tres contendientes.

 

Sin embargo, estos debates son lo que tendremos. Y la experiencia nos dice que, aun en estas pobres condiciones, estos encuentros se constituyen en momentos importantes de definición. En 1994 el debate entre candidatos permitió que el panista Diego Fernández de Cevallos se convirtiera en el verdadero contendiente frente al priista Ernesto Zedillo y que el perredista Cuauhtémoc Cárdenas quedara relegado al tercer lugar. En el 2000 el segundo debate hizo posible que el panista Vicente Fox se colocara definitivamente en una posición que le permitió alcanzar y superar al puntero priista Francisco Labastida.

 

¿Ocurrirá lo mismo ahora? La competencia se encuentra lo suficientemente cerrada como para que cualquier error o cualquier acierto permita darle la vuelta a la elección. Por eso es tan importante el debate, a pesar de todas las limitaciones que la ausencia de López Obrador, el rígido formato y el excesivo número de participantes están generando.


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