MIÉRCOLES, 26 DE ABRIL DE 2006
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“El paso de la derecha a la izquierda no implica un cambio real, sino solo el paso de un estatismo a otro, cambiando una cadena por otra.”


Asunción (AIPE)- Los liberales clásicos o libertarios no son de “derecha”, como los conservadores, ni de “izquierda”, como los progresistas y socialistas. Tampoco son de “centro”. Están en otro lugar: arriba, donde hay más libertad. Fue así ya en los orígenes. En tiempos de la Revolución Francesa, en la Asamblea Nacional se sentaban a la derecha los defensores de la monarquía, a la izquierda los que buscaban la reforma y arriba, los que exigían la disolución de la monarquía.

 

Pero la tradicional clasificación de las ideologías, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha se presta a errores. En América Latina se piensa que con la llegada al poder de los neosocialistas Hugo Chávez, Lula, Kirchner, Vázquez y Evo Morales se verá un profundo cambio socioeconómico. No es así. Seguirán las mismas políticas mercantilistas e intervencionistas que condenaron al hemisferio al atraso y pobreza.

 

No existe diferencia real entre la izquierda, el centro y la derecha del espectro político. Todos acumulan poder y se oponen a los derechos individuales y a la propiedad privada. Si en la extrema derecha ubicamos a los fascistas y nacionalsocialistas (nazis), y en la extrema izquierda a los comunistas y otros marxistas, vemos que pese al odio que sentían unos por otros, sus conflictos fueron los de grupos estatistas no tan diferentes que pugnaban por el poder.

 

El nazismo era el partido de los trabajadores socialistas, no muy diferente al partido comunista cubano. En todos los regímenes autoritarios ha dominado el colectivismo, donde los individuos son solo medios para los fines del Estado. Estas ideologías sienten terror a la gente y a la libertad. Los gobiernos de izquierda, derecha y los oportunistas del centro siguen sosteniendo que “el interés general está por encima del interés privado”, como en la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y la Rusia de Stalin.

 

Gobernantes tanto la derecha como la izquierda en América Latina han fomentado grupos privilegiados, monopolios, planificación centralizada, mercados negros, subsidios, proteccionismo, politización de la justicia, corrupción y otras delicias del estatismo. El resultado ha sido la cultura del trámite, la coima y la escasez.

 

Desde arriba las cosas se ven diferentes. Los libertarios defienden la dignidad del hombre, del individuo, por encima de cualquier entelequia colectivista, como la “sociedad”, la “comunidad”, el “estado”. El valor supremo es la libertad individual. El hombre para ser libre debe ser dueño de su persona, de su cuerpo y su mente, y del fruto de su esfuerzo. Ahí nacen los derechos de propiedad que son derechos fundamentales del hombre. La función principal del gobierno, su razón de ser, es la protección de estos derechos del individuo.

 

Para el liberalismo clásico, sin el derecho de propiedad ningún otro derecho es posible. Tampoco es posible la justicia. ¿Cuáles son los límites de la libertad? Los derechos de propiedad. El que carece de derechos de propiedad es un esclavo. El que tiene sus derechos muy restringidos es un siervo. Y solo el que goza de plenos derechos de propiedad es un hombre libre. La propiedad es el derecho, no la cosa. Los derechos fundamentales son “la vida, la libertad y la hacienda, a los que yo llamo propiedad”, decía John Locke.

 

Un error muy común en América Latina y que ha empujado a muchos intelectuales y políticos hacia la izquierda es creer que libre mercado es sinónimo de derecha. Nada más lejos de la verdad. Si bien la derecha defiende algunas libertades económicas, como la izquierda defiende las libertades políticas, ninguno defiende sin restricciones los derechos de propiedad. Solo los libertarios sostienen que no puede haber libertad mientras no se respeten los derechos de propiedad, base de todas las libertades, desde la libertad de expresión hasta la libertad de trabajar, comprar, vender, contratar y emigrar.

 

El paso de la derecha a la izquierda no implica un cambio real, sino solo el paso de un estatismo a otro, cambiando una cadena por otra. El cambio genuino está en la libertad individual. Por eso los únicos que pueden traer la revolución y el progreso a las masas empobrecidas y oprimidas de América Latina son las ideas libertarias.

 

___* Corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.

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