MIÉRCOLES, 26 DE ABRIL DE 2006
Regímenes ticos

Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
Muy bien
Bien
Regular
Mal
Muy mal



El punto sobre la i
“¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?”
Epicuro


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“Ante la inmoralidad e insostenibilidad de este sistema, los distintos gobiernos han planteado y efectuado varias reformas, ninguna de las cuales, sin embargo, ataca el fondo o la esencia del problema: las transferencias de unos a otros.”


En la columna anterior señalamos que los sistemas de reparto son inmorales, insostenibles y corruptos, y que los regímenes ticos son su quintaesencia. Veamos. En Costa Rica existen dos sistemas de pensiones; ambos de reparto: uno básico que maneja la Caja Costarricense de Seguro Social, conocido como el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte; y uno especial que funciona ligado al presupuesto nacional. Este último consta de unos 19 regímenes; entre ellos: ex presidentes, empleados de correos y telégrafos, Ministerio de Hacienda, Magisterio, Poder Judicial, obras públicas, Registro Público, ferrocarriles. Cada uno de estos tiene estipulado diferentes niveles de cotizaciones de empleados, patronos y el Estado, y diferentes requisitos y beneficios.

 

¿Por qué tantos regímenes y por qué todos ligados al Estado? La respuesta está en que no son verdaderos regímenes de pensiones, sino mecanismos de transferencias del resto de la sociedad hacia estos grupos; por lo tanto, no serían sostenibles por sí solos. En ellos, cada grupo busca maximizar la relación beneficios/cotizaciones, y la única forma de lograrlo por un período relativamente largo es a través del presupuesto nacional. Cuando se trata de apropiarse del dinero de otros, de forma legal, la imaginación de los ticos es muy fecunda.

 

Una de esas joyas de la imaginación es una ley dictada en los años 80, según la cual los diputados pueden acogerse a la pensión bajo el régimen del Magisterio Nacional con los salarios de diputado, aunque hubiesen cotizado como maestros rurales. Pero eso no es todo; los jubilados pueden pedir revisiones de su pensión en función de labores efectuadas después de su retiro.

 

El editorial de La Prensa Libre del 15/02/06 lo resume así: “Resulta que un señor que cotizó durante toda su vida laboral para el Régimen de Pensiones y Jubilaciones del Magisterio Nacional ya logró incrementar en más de un 300 por ciento el monto de su pensión. Claro, lo hizo bien disimulado, al pedir que se le suspendiera ese beneficio mientras ejercía como asesor parlamentario de su hermano. No se quedó con la pensión, como lo pudo haber hecho. Porque hubiese tenido que renunciar al salario. Como este era mayor... Y ahora, al pasar a ser diputado, volverá a mejorar su pensión. Obtendrá más de cuatro veces lo que le tocaba por mes por haber cotizado en el Magisterio. Lo peor del caso es que la ley lo permite. Entonces, la acción es legal.”

 

¿Qué hacer? Ante la inmoralidad e insostenibilidad de este sistema, los distintos gobiernos han planteado y efectuado varias reformas, ninguna de las cuales, sin embargo, ataca el fondo o la esencia del problema: las transferencias de unos a otros. La única forma de corregir tanta injusticia e inmoralidad es eliminando el sistema y regresando a uno de capitalización individual, total, no complementaria. Veremos lo que se ha hecho en Chile.


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