VIERNES, 31 DE JULIO DE 2015
Candidatos en EU: El payaso

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“Se ha desatado el furor de numerosos aspirantes que buscan con avidez un micrófono para decir cualquier tontería, en la medida en que en ese país se ha borrado la frontera entre la política y el espectáculo.”


A pesar que estamos a larguísimos 15 meses de la elección presidencial en EU, se ha desatado el furor de numerosos aspirantes que buscan con avidez un micrófono para decir cualquier tontería, en la medida en que en ese país se ha borrado la frontera entre la política y el espectáculo.

El más patético ejemplo de tan lamentable tendencia es la candidatura de ese payaso impresentable, de insuperable mal gusto, de lenguaje vulgar y soez, de aspecto ridículo, y carente del más mínimo asomo de clase: Donald Trump. ¿Cómo es posible que un tipejo de tan lamentable calaña encabece las encuestas en su partido?

Ese liderazgo entre los electores republicanos, que se basa en el más craso populismo económico, proteccionista, nacionalista y anti-globalización, no durará, pero siempre hay un 20% de desquiciados que apoyan ideas y candidatos inaceptables, como AMLO en México.

Conforme se acumulen las meteduras de pata de Trump, que sufre un caso terminal de incontinencia verbal, y las campañas de otros candidatos republicanos empiecen a cuajar, su índice de popularidad caerá como ha ocurrido con otros pintorescos personajes que en el pasado encabezaron encuestas electorales.

Algo que me preocupa mucho ahora es la posibilidad que Trump, una vez rechazado por el partido republicano, inicie una candidatura independiente con su cuantiosa fortuna, como hizo Ross Perot en las elecciones de 1992, cuando se llevó casi 19% del voto y arrebató la victoria a George Bush padre.

A diferencia de hace 24 años, cuando el candidato demócrata Bill Clinton ofrecía  una sensata plataforma económica al centro del espectro político, y resultó el beneficiario de la aventura electoral de Perot, hoy ese partido se ubica en un terreno populista y de creciente intervención gubernamental.

Se supone que la candidata demócrata será Hillary Clinton, al frente en la encuestas y con una bien financiada campaña, pero su candidatura no “prende” –a diferencia de su marido Bill, ella es acartonada y tiene larga cola que le pisen-, al grado que se dice que su partido prepara un plan B, por si acaso.

El problema es que los otros precandidatos demócratas son inelegibles. Bernie Sanders, senador socialista por Vermont, pequeño estado en la frontera con Canadá, es inaceptable para la mayoría del electorado por su progresismo populista y por su edad, al tener 75 años el día de la elección.

Martin O’Malley, ex-gobernador de Maryland, es un mal candidato siendo un orador tieso y sin sentido del humor. Además, los recientes motines de la población negra protestando abuso policial en la ciudad de Baltimore, dónde fue alcalde, no lo ayudan en nada.

La más reciente adición al cuadro de candidatos demócratas es el ex-senador por Virginia Jim Webb, populista en lo económico, aislacionista en política exterior y conservador en causas sociales, al oponerse al aborto y al matrimonio entre gente del mismo género, posiciones que no le auguran buenos resultados en las primarias.

En caso de implosión de la campaña de Hillary se menciona al vicepresidente Joe Biden, con una larga historia de meter la pata verbalmente, pero habiendo sido leal servidor del Presidente Obama, éste podría impulsar su candidatura. Tampoco lo ayuda la edad, al estar por cumplir 74 años en la elección.

Otro escenario implicaría el reclutamiento de la senadora Elizabeth Warren, la populista extrema, senadora por Massachusetts, que ha sustentado su carrera atacando a Wall Street y sus instituciones financieras. Ella se niega a presentar su candidatura pero circunstancias extremas podrían forzarla.

Una campaña independiente de Trump le restaría suficientes votos al candidato republicano, quienquiera que sea, para darle el triunfo al demócrata, donde ninguno de los candidatos ofrece un futuro promisorio para un país saturado de una excesiva intervención y regulación gubernamental que asfixian su futuro económico.

• Estados Unidos • Elecciones EU 2016

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