VIERNES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2015
El ascenso de los populistas

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“La cuestión de fondo que surge de este peculiar florecimiento del neopopulismo ahora es determinar sus causas para poder contrarrestar su ascenso.”


La improbable elección del marxista ultra radical Jeremy Corbyn como nuevo líder del partido laborista del Reino Unido, y la continuada elevación en las encuestas de opinión en EU de las precandidaturas del socialista Bernie Sanders en el partido demócrata, y del fantoche Donald Trump en el republicano, son hechos alarmantes.

Si a ello se suma la llegada al poder de Alexis Tsipras y de Víctor Orban en Grecia y Hungría, respectivamente, representando movimientos radicales de izquierda y de derecha, lo mismo que la subida de Pablo Iglesias en España y de Marie Le Pen en Francia, con tendencias afines en otros países, la irrupción populista se propaga.

El común denominador de estos personajes es que ofrecen soluciones simples, casi mágicas, a problemas sumamente complejos, y lo más paradójico del caso es que los ciudadanos que ahora apoyan a los populistas, no se percaten del fracaso integral que la aplicación de sus políticas ha tenido en todos los países que las han adoptado.

La lista de los desastres populistas en todo tiempo y lugar es larga y extendida, como lo ilustra la decadencia del Reino Unido al fin de la Segunda Guerra Mundial cuando el electorado rechazó el liderazgo de Winston Churchill y eligió a un gobierno laborista que sentó las bases del ocaso económico de ese país por casi medio siglo.

El control por parte del gobierno de las “palancas fundamentales del desarrollo,” como calificó Lenin en 1922 a los sectores económicos clave, fue el programa que adoptó la administración del laborista Clement Atlee al proceder a expropiar los sectores “estratégicos,” como las industrias pesadas, transportes, minería y petróleo.

Estas políticas, sumadas a la adopción de un Estado benefactor de proporciones colosales y acompañadas de impuestos de alta progresividad y tasas confiscatorias mataron la inversión y el crecimiento económico, de tal manera que el Reino Unido pasó a ser un país en decadencia hasta el acceso al poder de Margaret Thatcher.

Lo que Corbyn propone ahora es re-socializar la economía británica, en un retorno al pasado que colocó al partido laborista en la irrelevancia total durante la gestión de Thatcher, y dar marcha atrás a las reformas realizadas por ella y consolidadas por el modernizado partido laborista de Tony Blair y Gordon Brown en tres lustros.

El senador en Estados Unidos Bernie Sanders, autollamado socialista que celebró el acceso de Corbyn con entusiasmo –a pesar de que el inglés es un anti-yanqui radical  e inveterado-, ya supera a Hillary Clinton en las encuestas en los estados de Iowa y New Hampshire, donde habrá los primeros comicios para las elecciones del 2016.

La retórica de Sanders incluye una política redistributiva que paradójicamente canalizaría más recursos al segmento de la población –entre 65 años y 74 años de edad- mejor protegido por pensiones, seguros y cobertura médica que se financian en instituciones, como el Seguro Social, que están actuarialmente quebradas.

El problema de que surjan posiciones como éstas es que presiona las agendas de los candidatos más centrados a extremos que harán muy difícil atender el principal problema de las finanzas públicas en la mayoría de los países: el crecimiento exponencial de los gastos del Estado benefactor muy por encima de sus ingresos.

Similar fenómeno se ha visto en el caso de los republicanos por lo que se refiere a migración. A partir de las necedades de Trump la mayoría del resto de los candidatos se sintió obligada a endurecer sus propuestas: erigir el muro fronterizo; deportar a 11 millones de indocumentados; y modificar la Constitución para que quienes nazcan en EU no tengan acceso a la nacionalidad por ese solo hecho, lo que llamó bebés-ancla.

La cuestión de fondo que surge de este peculiar florecimiento del neopopulismo ahora es determinar sus causas para poder contrarrestar su ascenso. Esta será la tarea para próximos artículos.

• Populismo • Migración • Estados Unidos • Elecciones EU 2016

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