MARTES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2015
Libertad y desarrollo

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“Lugar 59 en el Índice de Libertad Económica y lugar 71 en el Índice de Desarrollo Humano. Medianamente libres y medianamente desarrollados.”


Libertad económica y progreso económico van de la mano. Entre mayor sea la libertad de la cual gozan los agentes económicos privados, entendiendo ésta como la libertad de elección para decidir cómo utilizar los recursos que son de su propiedad, en mercados competitivos y con una integra protección judicial de los derechos privados de propiedad, mayor tenderá a ser el nivel de desarrollo económico del país y mayor, por lo tanto, el nivel de bienestar de sus habitantes.

Recientemente se dio a conocer el informe 2015 del Índice de Libertad Económica elaborado por la Fundación Heritage y el Instituto Simon Fraser, en el cual se evalúan para 186 países diversas variables de carácter económico. México se situó en el lugar 59 con un puntaje de 66.4, lo cual nos califica como un país medianamente libre.

En el ámbito fiscal el puntaje asignado en gasto público fue de 78 y en libertad fiscal fue de 77.8. Aunque en esto podríamos decir que somos mayormente libres, el problema es, por una parte la ineficiencia e ineficacia del gasto gubernamental y, por otra, que desde el punto de vista tributario, los incentivos que se derivan de su diseño no están alineados con el objetivo de crecimiento económico.

En el renglón de libertad para hacer negocios, la calificación fue de 71.5; sigue prevaleciendo una relativamente elevada carga burocrática que encarece la movilidad de los factores de la producción y la inversión privada. A lo anterior hay que agregarle la libertad laboral, en donde el puntaje fue de 59.9; tenemos una legislación laboral que tiene un sesgo en contra del empleo formal y a favor de la informalidad laboral. De ahí que casi el 60% de la fuerza laboral opere en la informalidad.

En el renglón de libertad monetaria el puntaje asignado fue de 77.6, no tanto por el nivel de inflación sino por las restricciones regulatorias para mantener y operar cuentas bancarias en monedas diferentes al peso mexicano.

En libertad de comercio internacional, la calificación fue de 85.6; somos una economía muy abierta pero siguen prevaleciendo altas barreras a las importaciones provenientes de países con los cuales no hay un acuerdo de libre comercio. En cuanto a la libertad de inversión extranjera la calificación fue de 70, una mejora a raíz de la reforma energética. Y en materia de libertad financiera el puntaje fue de 60 como resultado de la baja relación de crédito a PIB.

Si vemos los anteriores subíndices, la economía mexicana es mayormente libre. ¿Dónde está el problema? ¿Cuál es el eslabón más débil de la cadena? Dos elementos. Primero, la notoriamente deficiente protección judicial de los derechos privados de propiedad, renglón en el cual la calificación asignada fue de 50. Un país en el cual el poder judicial no garantiza el cumplimiento de los contratos difícilmente podrá alcanzar altos niveles de desarrollo económico.

El segundo, en donde peor calificados estamos, es en el renglón de la corrupción, con un puntaje de solo 34. La corrupción, como he señalado con anterioridad, es un juego de suma negativo, uno que inhibe el desarrollo económico, uno que favorece la apropiación de rentas. Y aquí es donde estamos cada vez más mal. Conflictos de interés, moches, etcétera son el pan de cada día y es claro que mientras no ataquemos este cáncer de raíz, seguiremos siendo un país de desarrollo medio, con altos niveles de pobreza y notoriamente inequitativo.

Lugar 59 en el Índice de Libertad Económica y lugar 71 en el Índice de Desarrollo Humano. Medianamente libres y medianamente desarrollados.

• Libertad económica

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