LUNES, 1 DE MAYO DE 2006
El chantaje sindical: La acumulación de la ilegalidad

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“El día del trabajo nos debería recordar que este es un factor productivo que en México no se mueve libremente. Todavía se confunde la defensa de los trabajadores (como individuos libres) con la defensa de los intereses corporativos.”


En medio del chantaje sindical en pro de líderes corruptos, la aprobación de la Ley Federal de Competencia, pasó de noche. Increíble, pero esto nos demuestra que México se encuentra en medio de una disyuntiva: modernidad o pasado.

 

El paro de la semana pasada, los enfrentamientos a balazos (con consecuencias trágicas), no es más que puro chantaje por la defensa de un líder corrupto y mafioso que sólo refleja la impunidad con la que los diversos grupos de interés operan en México. Atenco, gasolineros, el desacato a un amparo federal por parte del candidato López Obrador, el cierre ilegal de empresas, expropiaciones arbitrarias, etc., no hace más que demostrar que el gobierno (de todos los niveles y de todos los colores) desde hace tiempo no está haciendo su chamba en materia legal tocante a la preservación de la libertad y de la protección de los derechos de propiedad de los ciudadanos (el derecho que tengo a tener, comprar o rentar y/o usufructuar cualquier bien como un coche, una casa ó un recurso natural).

 

La modernidad es el camino correcto y ello implica mercados libres y abiertos enmarcados en un ámbito jurídico institucional que garantice la protección a los derechos de propiedad de las personas y una ley moderna que preserve, incentive y promueva un ámbito competitivo entre las empresas que coadyuve a la plena satisfacción de los consumidores. Esto que, descrito en palabras, parece tan sencillo, ha sido comprendido por pocas sociedades. Durante el siglo XIX y XX sólo los países con constituciones liberales fueron capaces de acceder al desarrollo económico pleno haciendo de la libertad un valor esencial (libertad de creer, de votar, de trabajar, de poseer, de consumir, de ahorrar, de producir, de amar, etc,). Usualmente fueron las sociedades anglosajonas las que llevaron la pauta en esto. Hoy, a estas sociedades se han agregado otras representadas por algunos países asiáticos y algunos países ex comunistas (que vivieron esclavizados al comunismo durante buena parte del siglo XX).

 

Con el chantaje sindical, los enfrentamientos trágicos, el cierre ilegal de empresas mineras (por proteger a ladrones y corruptos) queda claro que en México sólo hemos dado un pequeño paso hacia la modernidad y éste ha recaído principalmente en el poder Ejecutivo (ya no es omnipresente). La pregunta es, ¿queremos proseguir con una democracia de apariencia cuyo fondo sean las corporaciones (sindicatos y monopolios gubernamentales y privados) que actúan a favor de ciertos y privilegiados grupos de interés y en contra de los intereses de millones de consumidores? O, ¿queremos una democracia apoyada por sólidas instituciones que preserven la libertad y los derechos de propiedad de las personas, lo que implicaría la destrucción de los monopolios del gobierno y de aquellos privados que cobran rentas extraordinarias? La respuesta en la sociedad mexicana es nebulosa.

 

Ojalá que el reciente paro laboral haga reflexionar a la gente sobre la necesidad de acabar de una vez por todas con estas mafias. No, no, estos movimientos no son en pro de los trabajadores, sino a favor de líderes mafiosos, millonarios y parasitarios que atentan contra el bienestar de millones de consumidores.

 

La aprobación de la nueva Ley Federal de Competencia aunque es un primer paso positivo (hay que perfeccionarla) no servirá de nada si los monopolios gubernamentales y sus correspondientes sindicatos siguen dominando las preferencias de los consumidores (no nos queda otra, por ejemplo, que el consumir gasolina producida y distribuida por Pemex y sus compadres gasolineros, o aguantarnos sin la luz, el teléfono o la escuela porque así lo decidió un sindicato).

 

Lo peor es que candidatos como López Obrador proponen proyectos de nación que en vez de remover a las viejas estructuras PRI-corporativas, no sólo las preservan, sino que las alientan en un espurio argumento de “la defensa de los trabajadores”. No y mil veces no, esto sólo es la defensa de las mafias a costa de los trabajadores productivos y de millones de consumidores. No debe sorprendernos lo anterior, pues los asesores de López pertenecen a dos corrientes principales: los que fueron parte del viejo pulpo corporativo-burocrático priísta, y los que pertenecieron a los partidos comunistas mexicanos, partidos que promovieron guerrillas y que asesinaron a empresarios.

 

En una de sus obras cumbres, Law, Legislation and Liberty, el gran maestro liberal Friedrich Hayek, nos señala en su análisis de la sociedad el surgimiento "espontáneo" de las reglas legales y morales. Su teoría legal y política enfatizaba que el imperio de la ley era el fundamento necesario de la coexistencia pacífica. De esa forma explica que inserto en el derecho consuetudinario (common law) hay un conocimiento conquistado a través de una larga historia de ensayos y errores. Esto lo llevó a la conclusión de que la ley, como el mercado, es un orden "espontáneo" producto de la acción de los hombres pero no de ningún plan de ellos. Si no hubiera espontaneidad, entonces los regímenes socialistas de planificación central dominarían al mundo (regímenes que fascinan a la izquierda radical mexicana). Prevalecen las leyes que garantizan la libertad plena, pero que respetan el derecho de los demás. No es un proceso lineal sino sinuoso, de perfección, acorde a los avances de las sociedades.

 

Lo anterior significa que las leyes son resultado de la interacción de los hombres, que a veces fallando y corrigiendo llegan a ser lo que dictan las reglas de convivencia de los seres humanos. Nunca un burócrata iluminado, por sí sólo, podrá crear las leyes que convienen a millones de seres humanos. La sociedad mexicana ha dejado mucho que desear en cuestión de legalidad que rija la vida de los ciudadanos. Muchas de nuestras leyes las diseñó un burócrata socialista. Ahí está la raíz de la carencia de cultura de la legalidad en nuestras sociedades (hágase la ley en los bueyes de mi compadre).

 

Por desgracia, desde que inició el actual gobierno, dejó impunes a los violadores de la ley. Hoy el chantaje sindical no es más que la acumulación de toda esa serie de ilegalidades aceptadas por quien debería protegernos a los ciudadanos: El Estado. El resultado: un clima de inseguridad que nada tiene de ver con un ambiente pacífico.

 

El día del trabajo nos debería recordar que este es un factor productivo que en México no se mueve libremente. Para que tengamos libertad económica plena, el entorno en que se mueven los factores productivos (trabajo y capital principalmente), entre ellos el factor trabajo, debe de ser libre de todo interés corporativo. De otro modo seguiremos siendo esclavos de las mafias.

 

Es importante comprender que sólo la libertad protegida por leyes que preserven la integridad y el trabajo de los individuos es que México podrá avanzar hacia un estadio de mayor desarrollo económico. Por lo pronto, las propuestas de la izquierda, sólo enfatizan la libertad política, pero dejan a un lado a la libertad económica. Y peor aún, confunden la defensa de los trabajadores (como individuos libres) con la defensa de los intereses corporativos creados por el PRI–gobierno.

 

Sólo los países que han entendido que la libertad es el valor supremo, han podido allegar el bienestar económico a sus habitantes. Si no entendemos esto, sucederá la profecía del maestro Milton Friedman: que los países sólo aprecian la libertad cuando la pierden. Modernidad o pasado: Tienen la palabra los ciudadanos el próximo 2 de julio.


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