LUNES, 1 DE MAYO DE 2006
"Me cae, Andrés, ¡que son molinos!"

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“De cuando nuestro remedo de Quijote local, el de Macuspana, sale malherido por sus propios errores de juicio e insiste en que los molinos de viento que él embistió no son tales, sino gigantes producto de conspiraciones malévolas urdidas por una pequeñísima elite de genios del mal desde “un escritorio en Los Pinos”.”


Hay ciertos rasgos de la locura humana que resultan fascinantes para el espectador. La genialidad de Miguel de Cervantes fue presentarnos la locura bajo ese prisma de suprema ironía que nos hace reír a mandíbula batiente. Que el Quijote termine golpeado y mal herido tras su encuentro con los molinos de viento es, en cierta forma, la penosa tragedia de un loquito que se creyó todas las novelerías de los caballeros andantes; pero es también para quien lee el episodio, magistralmente narrado por Cervantes, fuente inagotable de humor y de reflexión sonriente acerca de los misterios de la naturaleza humana.

 

Cuando nuestro remedo de Quijote local, el de Macuspana, Tabasco, sale malherido por sus propios errores de juicio e insiste en que los molinos de viento que él embistió no son tales, sino gigantes producto de conspiraciones malévolas urdidas por una pequeñísima elite de genios del mal desde “un escritorio en Los Pinos”, no podemos sino reírnos. Más todavía, si el personaje adereza su alegato mitómano con frases típicas del demente visionario: “Ya los puedo ver, ya me los puedo imaginar” (y por tanto, en la lógica de la paranoia, son reales: “imagino, luego existen”) y promete al núcleo duro de sus seguidores incondicionales que él vencerá no sólo a esos gigantes sino a los genios y encantadores que le han puesto en ese brete y que restaurará su cuerpo malherido y golpeado con el maravilloso bálsamo de Fierabrás que le hace indestructible. ¿De veras no habrá locos que coman lumbre?, porque éste parece uno de esos.

 

¿Quiénes rodean a nuestro loquito tabasqueño? Algunos cuantos Sanchos –todavía en la primera etapa de las aventuras, crédulos y candorosos, dada la “autoridad” del señor que los ha embarcado como escuderos y dado, también, todo hay que decirlo, que les han prometido no sólo bienes sin cuento, sino hasta el gobierno de una ínsula- y muchos barberos, curas y bachilleres Carrasco que le siguen la corriente al loquito, no con la intención loable de regresarlo a su hogar y al cuidado de su ama y de su sobrina, sino tal vez calculando ganancias más sustanciosas y realistas que las prometidas a los Sanchos de nuestro cuento.

 

Habrá quienes le digan, tal vez, “mira Andrés que son molinos de viento y no gigantes; mira Andrés que caes en las encuestas; mira Andrés que fue un error no asistir al debate; mira Andrés que espantas a los indecisos y ahuyentas a los de espíritu crítico: mira Andrés que en tus fantasías te has asociado a una sarta de rufianes, tránsfugas del PRI y de todo género de tortuosas y poco claras aventuras políticas, a quienes ves equivocadamente también como caballeros andantes”. Habrá quizá quien haya intentado decírselo, pero es obvio que el loquito desprecia y hasta abomina ese género de consejos realistas.

 

Ya, por ejemplo, Ciro Gómez Leyva –de quien no se pueden sospechar siquiera lejanas simpatías con los adversarios de López Obrador- se ha ganado una andanada de insultos y amenazas por parte de las huestes del loquito, sólo porque se atrevió a advertirle que seguirse mirando en el espejo de la reina –“¿quién es el más bonito?”- es la peor de las estrategias.  

 

Todo esto está, para mi gusto, muy bien. Por dos razones: Primero, no me simpatiza este loquito particular y estoy convencido de que –tenga malas o buenas intenciones en su fuero interno- sí sería un inmenso peligro para México darle siquiera un gramo más de poder. Segundo, las correrías de este desastrado quijote de Macuspana prometen nuevas diversiones para los espectadores. A diferencia del Quijote original, no veo a este remedo local regresando a la sensatez al final del cuento, sino cultivado, usado y desechado por muchos de quienes hoy lo rodean solícitos y aduladores. Habrá que apostar quien lanza primero un escandaloso libro de falsa “autocrítica”, allá por los albores de 2007 o los fines de 2006: “¿Por qué perdimos?”, ¿será el inefable calumniador Arreola o el perfecto fracasado de Camacho? Se corren las apuestas.

 

De ahora en adelante, ocupémonos de dilucidar si quien lleva la tendencia ganadora en estas elecciones –Felipe Calderón- tiene el empaque para ser el “Fox mejorado” o “recargado” (reloaded) que necesita este país. ¿Lo discutimos la próxima semana?

 

(Nota: Agradezco a la lectura del estupendo libro electrónico de Ricardo Medina Macías, “Populismo, una cura milagrosa” –de venta en la tienda de este sitio- haber descubierto esta vertiente quijotesca de los populismos; recomiendo en especial, donde Medina atribuye a Don Quijote “el más bello discurso populista de todos los tiempos”).


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