LUNES, 9 DE NOVIEMBRE DE 2015
Legalizar las drogas, un asunto de análisis económico

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Entre más golpes al narco, mayores precios de la droga, mayores incentivos a producirla y mayor aparición de delitos como la extorsión y el secuestro.”


Se ve muy incómodo el Presidente Peña Nieto con la resolución de la Suprema Corte de la semana pasada. La Corte resolvió favorablemente el derecho de 4 quejosos para producir, transportar y consumir cannabis libremente. Nada que ver con legalizar las drogas (ni siquiera la marihuana). Se trata de una resolución histórica, pero muy lejos en materia de legalización del mercado de drogas. La Corte simplemente abre la puerta a un debate que tiene años en la academia, en especial entre economistas.

El Presidente Peña antes ha llamado al debate, pero ahora que las cosas se ponen un poco serias se pone nervioso con que se abra un resquicio a la legalización al menos de la marihuana. Igual que le pasó al ex presidente Calderón, se sienten más cómodos con su estrategia bélica ante el narcotráfico y con ello evitar presiones de los Estados Unidos (en este país hay ya cerca de una treintena de estados que con distintas modalidades están legalizando la marihuana).

Hace años escribí en este espacio sobre las drogas en materia económica. Como siempre digo, a los políticos los supera la realidad y tarda en que les “caiga el veinte”. He aquí parte de mi argumento en materia de economía, que vuelvo a exponer y que desde Milton Friedman es bien conocida la posición de los economistas liberales en materia de drogas y narcotráfico.

En primer lugar, si soy adulto, el Estado no tiene el derecho de meterse en mi vida y decidir qué consumo y qué no (en la medida en que no cause daños a terceros). Los menores de edad caen en la esfera de la vigilancia de sus padres y ahí sí debe haber penas y sanciones (leyes promulgadas por el Estado) para quien obligue o convenza a un menor de edad a consumir drogas. Legalizar un mercado es poner reglas claras a los agentes económicos. Nada que ver con la “ley de la selva” como piensan algunos bisoños.

El asunto del consumo de drogas (demanda) y el narcotráfico (oferta) cae también en la esfera económica, por horrendo que suene para políticos, católicos, protestantes, médicos y demás personas cuya moral –respetable- rechace y condene la drogadicción.

La producción de drogas (a veces el consumo también) está prohibida en muchos países desde hace siglos. El asunto es que por más duras que sean las prohibiciones, siempre ha habido alguien dispuesto a pagar por la misma, lo que incentiva automáticamente la oferta (alguien también dispuesto a ofrecer). En este caso el precio se vuelve fundamental. Una mayor demanda de drogas presiona su precio al alza lo que da señal a otros agentes económicos de que es rentable producirlas y ofrecerlas. Viceversa, si los precios de determinada droga caen, la señal es obvia para los productores, y uno, tendrán que ajustar su producción a la baja, y dos, ver qué otra droga alternativa es rentable como para producir más de la misma o de plano cambiar de mercado (efecto producción y sustitución).

Cuando los gobiernos luchan frontalmente contra la producción de las drogas, sucederá lo siguiente: disminuirá la oferta como resultado de los distintos decomisos, lo que provocará el alza en los precios de esta droga. A mayores decomisos, mayores precios en la droga. En el caso de la marihuana los precios son muy variados, pues la hay costosa y de mejor calidad, pero también la hay barata y de peor calidad.

Los precios más altos son una señal clara de que a pesar de los peligros, merece la pena entrar al mercado aún con el riesgo de ir a la cárcel o peor aún, perder la vida. En México la decisión de un joven de entrarle al mercado de drogas se ve agudizada además por las pocas alternativas laborales bien pagadas. 

La elasticidad precio de la demanda de la droga (qué tan sensible es la demanda a los cambios en el precio) es en el corto plazo menor a uno (lo que significa demanda inelástica, es decir, a precios más altos, la demanda disminuye, pero en menor porcentaje que lo que lo hace el precio), lo que le garantiza rentabilidad a los narcotraficantes aún con los golpes y decomisos. No obstante, esta situación también conlleva a que aumente la delincuencia en términos más amplios. Por un lado, tendremos a drogadictos -los más pobres- capaces incluso de delinquir si ya el dinero no les alcanza para satisfacer sus necesidades de consumo de droga. Por otro, y eso es lo que sucede en México por tener un Estado de Derecho débil, los mismos narcotraficantes reaccionan de dos formas. Los “buenos,” al más puro estilo empresarial, intentan innovar para crear drogas más baratas (sin importar si son mortales) y no perder a más clientes (dado que en largo plazo la demanda de drogas se vuelve elástica, es decir, que una pequeña alza de precios origine una gran caída en la demanda). Por otro lado los “malos” harán todo lo posible para que sus ingresos no caigan, por lo que entre más decomisos haya, más actividades ilícitas cometerán como secuestros, cobros de piso, distinto tipo de extorsiones e incluso asaltos. 

Resumiendo, la guerra al narcotráfico del gobierno, propicia golpes, detenciones y decomisos al narco, lo que origina que suban los precios como resultado de uno, menor oferta, y dos, mayor riesgo para producir, dada la demanda inelástica en el corto plazo. Ello estimula también la aparición de drogas baratas letales y de otros delitos como el secuestro y la extorsión La lucha contra el narcotráfico conlleva su propia penitencia. Entre más golpes al narco, mayores precios de la droga, mayores incentivos a producirla y mayor aparición de delitos como la extorsión y el secuestro (ojo, legalizar las drogas no quiere decir que desaparecerán los delincuentes, pero le da más control al gobierno para detenerlos por otros crímenes, tal como sucedió el siglo pasado en EU con la legalización del alcohol).

Me declaro contra todo consumo de drogas, en especial entre los jóvenes. Pero también sé que la prohibición no funciona por razones económicas.

Asimismo, como liberal defenderé el derecho a que si soy una persona adulta, puedo hacer con mi cuerpo lo que quiera (lo que incluye el consumo de drogas), siempre y cuando no perjudique a terceros. Legalizar significa poner reglas claras y por supuesto proteger a los menores de edad que deberán quedar amparados por la ley en caso de legalizar cualquier droga.

El mejor antídoto contra el consumo de drogas es la buena educación, jamás la prohibición, tal y como ocurre en los países europeos que han legalizado no sólo la marihuana, sino las drogas en general (y ojo, con el tiempo el consumo ha disminuido y no hay crímenes atroces del narcotráfico como en México).

Espero lean esta reflexión los políticos del Congreso y los ministros de la Corte.

• Drogas

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