MIÉRCOLES, 18 DE NOVIEMBRE DE 2015
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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Cuando en México abandonemos la demagógica idea de que el Estado revolucionario se responsabilizaba con la tarea de importar felicidad y prosperidad para todos los ciudadanos, entonces tal vez habremos encontrado el camino.”


Desde que el gobierno emergiera como concepto, nacía también la confusión de cuál debería ser al papel del nuevo invento. Con el surgimiento de la agricultura y los asentamientos humanos, el hombre iniciaba también la acumulación de activos como sus herramientas de trabajo, sobrantes de sus cosechas, etc. Ello provocaría los albores de la criminalidad cuando miembros de esa novel sociedad, se dedicaran al pillaje para hacerse de lo que no les pertenecía. Se erigiría entonces alguien con características de líder ofreciendo protección a la comunidad, en contra de los criminales debutantes, obviamente por el pago correspondiente de una parte del fruto de su trabajo.

Se dibujaba así el primer esquema de gobierno y nacía con estrategias similares a las de la mafia siciliana—vendiendo protección contra ellos mismos. Pero no pasaría mucho tiempo para que como lo afirma Paine: “entre los salvajes surgiría el más salvaje de todos para erigirse como Rey y gran protector de lo que ahora emergería como el Estado.” La humanidad al inicio del segundo milenio abrazaba la monarquía y el feudalismo luego de mil años de anarquía cuando su organización económico—política se caracterizaba por la guerra, la violencia, la conquista, saqueo y el pillaje.

Al inicio del segundo milenio, el debate económico-político recaía sobre las espaldas de los clérigos quienes eran los hombres más letrados de esa era. Fue Martin Lutero quien inicialmente retara lo infalible de la iglesia católica provocando el movimiento de Reforma. Calvino luego se sumaría a esa rebelión para engrosar el gran movimiento protestante que cambiaría la faz de la tierra. Durante los siglos XV y XVI clérigos de ambos bandos, parían las ideas que moldearían al mundo durante los siguientes 500 años. Los países anglosajones que más fácil asimilaban los conceptos de los reformadores, preparaban el terreno para la avenida de los verdaderos padres del liberalismo moderno. Los países latinos sin embargo, serían mucho más exitosos deteniendo la invasión protestante de Europa, y su destino especialmente el económico y político, sería muy diferente.

En ese escenario fue que surgieron las diferentes formas de gobierno. Pero ¿dónde adquirimos los mexicanos el concepto del nuestro? Entre los múltiples brotes liberales que surgieran a final de la primera mitad del milenio, en España emergería la conocida como La Escuela de Salamanca; la corriente de pensamiento que más aportó al cincelado de lo que la madre patria adoptaría para luego trasplantar a sus colonias. Pero su tinte liberal moriría cuando el jesuita Luis de Molina afirmara el que la libertad individual era el camino de la salvación. “Libertad pertenece a los hijos de Dios.”—concepto de inmediato rechazado.

Hace un par de años un periodista publicaba burlón el que yo hubiera rasgado mis vestiduras por un candidato X durante su campaña, y a cambio no había recibido la anhelada chamba, el sueño de miles de mexicanos. Eso nos da una pista para descifrar el concepto de gobierno que tenemos los mexicanos—entre sus miles de funciones, la de proveedor de chambas. Cuando se me ocurre rebatirlo defendiendo mi virginidad burocrática de nunca haber recibido nada del gobierno y ello, era prueba de que se puede vivir sin ser esa clase de dependiente, salta uno de los observadores para casi afirmar el que debería yo de estar avergonzado al flotar tan temeraria barbaridad. Pero lo más preocupante es que, el autor es una persona altamente educada y me hace suponer, ubicado en lo alto de la pirámide social.

Pasa luego a elaborar una lista de acontecimientos por los cuales no debería expresarme de esa forma tan irrespetuosa de nuestro supremo gobierno, pero además estar agradecido porque el gobierno “Reguló los planes en los colegios particulares a los que asistí; preparó a los maestros que me educaron; entrenó a los jardineros y plomeros que han trabajado en mi casa; atendió en sus clínicas a los empleados que yo alguna vez haya tenido”, y cierra su alocución con estas palabras: “Quien así se expresa, carece totalmente de conciencia social y raya en la sociópata, o es un ignorante de las miles de funciones que los gobiernos ejercen. El vivir en una sociedad, la que sea, “nos obliga” a participar en lograr mejores niveles de vida para todos. Muchas veces el repetir ese tipo de pendejadas hace que algunos se crean que están por encima de los demás, en una casta donde las leyes y los reglamentos no aplican para ellos, actitudes sicopáticas pues”.   

Vienen entonces a mi mente las palabras de Paine: “Hemos llegado a confundir gobierno con sociedad civil. Sociedad, en cualquier estado, es una bendición, pero gobierno, aun en su mejor estado, no es más que un mal necesario; y en el peor de ellos, es un intolerable ser diabólico.” A esta persona lo que más le preocupa es el que yo pudiera afirmar el que no le debo nada al gobierno. En la famosa frase de Milton Friedman: There is no free lunch, tiene su respuesta. Nada de lo que hace el gobierno por sus humildes súbditos es gratis, todo nos cuesta y en el caso de México, con sobreprecios intolerables.

Respondo al agraviado: “El que un país estatista como México sólo ofrezca servidores preparados por el gobierno, es uno de las grandes tragedias y causas de nuestro subdesarrollo. O ¿no ha escuchado algo que se llama competencia? Ah, eso es lo que ha hecho grandes a los países del G7. El gobierno debería ser el conserje de la sociedad civil y no al contrario. Yo siempre he necesitado de servicios… pero los pago aun cuando no creo que el gobierno debería ser todavía electricista, gasolinero, banquero, curandero.”

“¿Por encima de los demás?” De ninguna manera. Si quiere usted realmente ver los mercados libres sin estorbo del gobierno, vaya a la Lagunilla o a Tepito. Ahí moran infinidad de gentes como yo; nunca han recibido nada del gobierno que no les haya costado. Pero además no lo quieren ni lo necesitan, lo único que demandan es que los dejen trabajar en paz. Y ellos no son precisamente aristócratas… son hombres y mujeres libres. Un buen gobierno debería de solamente proteger vida, libertad, propiedad, y vigilar el cumplimiento de los contratos. Pero no, hemos tratado de hacer de él el cielo en la tierra, y lo hemos convertido en un infierno.”

“Porque verdaderamente tengo conciencia social, es que me gustaría ver a mi pueblo libre; libre de las cadenas de los gobiernos que a través de controlar sus mentes, controlan sus vidas. Libre de los rayados mensajes de los curas; es la voluntad de Dios. Libre de ese fatal “ni modo, así es la vida. Tu destino está ya predeterminado”. La escuela de Salamanca en España naufragó por las posiciones encontradas con la tesis de Molina, cuando sus jerarcas definieran el que la salvación era un producto de la gracia de Dios, decidido de antemano desde la creación por inentendibles razones.

Cuando en México abandonemos la demagógica idea de que el Estado revolucionario se responsabilizaba con la tarea de importar felicidad y prosperidad para todos los ciudadanos, y en su lugar nos preguntemos ¿qué es lo que yo como individuo en cooperación con otros puedo hacer para lograr mis objetivos y, como consecuencia el bien de la comunidad?, entonces tal vez habremos encontrado el camino.

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