VIERNES, 25 DE DICIEMBRE DE 2015
Desencanto con la democracia

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Deprimente evidencia y negros augurios para la democracia.”


Es entendible que en nuestro país haya una creciente desilusión con la democracia, que se nos había vendido como el ungüento que curaba todos los males, siendo que no pasa de ser un método para elegir en forma regular y ordenada a la autoridad. Como dijo Winston Churchill es “el peor sistema, salvo por todos los demás.”

La desilusión con la democracia y el hambre por el autoritarismo se han extendido como reguero de pólvora por todos los ámbitos del planeta, como se puede apreciar en las campañas presidenciales en EU, cuna de la democracia moderna y modelo a seguir por el resto del mundo por su innegable éxito económico y político.

El surgimiento y sostenido liderazgo del bufón Donald Trump en las encuestas entre adictos al partido Republicano de ese país, es un buen ejemplo del enojo visceral y ofuscado con el sistema político, como lo acreditan Roberto Foa y Yascha Mounk en un ensayo publicado hace unos días.[1]

Los estadounidenses han perdido la fe en sus instituciones políticas, lo que acreditan con una encuesta que mide la proporción de ciudadanos que confía en el Congreso de la Unión, que ha pasado de más del 40% en 1972 a menos del 10% en 2014, con tendencias similares aunque menos bruscas, para el Ejecutivo y la Suprema Corte.

Acreditan también que los jóvenes rechazan de manera alarmante involucrase en política, proporción que ha pasado de menos del 20% entre los nacidos en los años treinta del siglo pasado, a más del 60% entre quienes nacieron después de 1980, que han decidido marginarse por completo de los procesos políticos.

Más perturbador aún es la cifra de jóvenes que verían positivamente vivir en países  no democráticos: entre los nacidos en los 1930s más del 70% respondieron que habitar en una nación democrática era crucial, proporción que se derrumbó a menos del 30% de los nacidos en los últimos 35 años, lo que conlleva una preocupante deslegitimización de la democracia.

La proporción de personas que piensa que “tener un sistema político democrático es malo o muy malo ha pasado del 16% al 24% entre los nacidos desde 1970, mientras que entre quienes nacieron entre 1950 y 1970 esa proporción es de sólo 13%.

Cuando los ciudadanos pierden la fe en la democracia liberal, empiezan a considerar los sistemas autoritarios de gobierno como más apetecibles, lo que ha empezado a ocurrir en EU, pues de acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores quienes así piensan pasó del 6% hace dos décadas a un 17% de la población hoy en día.

El apoyo a soluciones de gobierno no democráticas ha crecido con particular rapidez entre los acaudalados, quienes tienen cada vez menos paciencia con las instituciones democráticas y desean contar con un líder fuerte que no tenga que molestarse con el Congreso o las elecciones. La quinta parte más rica de la población que así opina, pasó de representar 18% en 1995 a casi 45% en 2011.

En la Encuesta aludida queda claro que el apoyo popular a regímenes autocráticos ha ido en aumento a nivel mundial. Es interesante subrayar que ante la pregunta si “un gobierno militar es una buna forma de dirigir un país,” la mayoría de las naciones ha tenido un aumento en las respuestas afirmativas, con la excepción de países que sufrieron a los militares hace menos tiempo: Chile, Brasil y Argentina.

Los autores citados ofrecen tres explicaciones para este fenómeno en EU:
1. El ingreso del ciudadano promedio no ha crecido en términos reales en los últimos tres lustros.
2. La distribución de la riqueza, la movilidad social y el crecimiento de la clase media se han deteriorado, y a pesar que la política económica de la última década agravó el problema produciendo más ricos que nunca, éstos se sienten maltratados.
3. La falta de crecimiento acelerado refuerza la disputa entre ricos y pobres.

Deprimente evidencia y negros augurios para la democracia.


[1] Are Americans losing faith in democracy,? Vox Poliarchy, diciembre 18, 2015.
• Totalitarismo • Democracia

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