VIERNES, 15 DE ENERO DE 2016
Último informe de Obama

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Es difícil que en el año y cuatro días que restan de su gestión, Obama logre concluir los muchos asuntos pendientes, incluyendo la aprobación de los tratados comerciales negociados.”


En esta columna hemos analizado la retórica y los logros del Presidente de los Estados Unidos Barack Obama, que el martes pasado rindió su discurso anual para informar al Congreso de la Unión y al público en general, del estado en que se encuentra el país bajo su responsabilidad.

El último informe de su gestión, que termina el 20 de enero de 2017, se da en una coyuntura turbulenta pues las campañas de quienes aspiran a sucederlo de los dos partidos políticos principales, se desarrollan con creciente ferocidad oratoria y extremismo ideológico.

Obama trató de definir su legado político –por mandato constitucional, los presidentes en EU pueden reelegirse una sola vez para un segundo periodo de cuatro años- y al mismo tiempo trazar la ruta a seguir para su heredero en el puesto con un mensaje optimista sobre el perdurable poder económico y militar de su país.

El mensaje de Obama se da en medio de las jeremiadas de los candidatos del partido Republicano, que pintan al Presidente como un inepto que ha hecho mal todo y ha debilitado a EU, y sus correligionarios Demócratas que, empujados por el senador socialista Bernie Sanders, lo acusan de haberse entregado a los banqueros de Wall Street y coadyuvado a empeorar la distribución de la riqueza.

Habrá que ver si la popularidad del Presidente repunta de su nivel actual de aprobación, que es de apenas 44.6%, a pesar que la economía de su país se recuperó con mayor vigor que las del resto de los naciones industrializadas y que la tasa de desempleo hoy ha caído a los niveles previos a la hecatombe financiera de 2007.

Un tema que tiene particularmente molestos a la mayoría de los legisladores, fue la decisión de Obama de ignorar al Congreso, hoy controlado por sus opositores, e “irse por la libre” para intentar gobernar por decreto, cuya más reciente manifestación es la de pretender controlar la venta de armas de fuego.

Solo los más fanáticos defensores de la libertad de comprar armas de cualquier calibre, discutiblemente postulada en la Segunda Enmienda a la Constitución, pueden oponerse a lo propuesto por Obama, pero el problema es que sus acciones son vulnerables a impugnación legal, como ha sucedido con otras similares.

Tal es el caso del intento que emprendió en 2014 por regularizar a 5 millones de inmigrantes indocumentados, que está atorado en las cortes de justicia por las 26 demandas interpuestas por estados que se oponen a su acción ejecutiva, lo que ciertamente tiene resonancia en el segmento de población que apoya a Trump y a otros precandidatos con actitudes violentamente anti-migratorias.

Los logros que cacarea Obama en su política exterior, parecen más espejismos que realidades: acabar con las guerras en Irak y Afganistán, cuando ambos se han convertido de nuevo en semilleros de terroristas; cerrar la prisión de Guantánamo, aunque los fanáticos allí detenidos salgan libres para reintegrarse a su guerra santa.

Obama presumió también su pacto nuclear con Irán, pese a las incontables acciones de ese país contra los intereses de EU y sus aliados; y de reiniciar relaciones con Cuba –junto con Colombia, la única nación del continente aludida en el discurso-, sin lograr nada a cambio en defensa de los derechos humanos en la isla.

El Presidente afirmó que “entre las pocas cosas que lamento de mi gestión es que el rencor y la desconfianza entre partidos (políticos) se agravó en lugar de mejorar,” pasaje en el que muestra al mismo tiempo su inefable arrogancia y la flagrante mentira de su inocencia en azuzar la discordia partidista.

Es difícil que en el año y cuatro días que restan de su gestión, Obama logre concluir los muchos asuntos pendientes, incluyendo la aprobación de los tratados comerciales negociados, como la Alianza Transpacífica (TPP). Su gestión se acerca, más bien, a la lupa de los historiadores que serán los encargados de juzgarla para la posteridad.

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