JUEVES, 18 DE FEBRERO DE 2016
El Papa y el mercado (IV)

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“El mercado, como afirma el Papa Francisco, ¿es causa de muchos males? ¿Eliminamos al mercado y volvemos a la autosuficiencia?”


El mercado, el intercambio, no es causa de males, sino del bien común, del mayor bienestar (bien) de todas las partes involucradas (común), quienes valoran más lo que reciben que lo dan a cambio, aumentando su bienestar.

El mercado es la relación de intercambio entre compradores y vendedores, que hace posible la división del trabajo, que hace posible que A se dedique a la producción de pan, y que B se dedique a la producción de vino, lo cual tiene sentido si A y B pueden intercambiar pan por vino, de tal manera que A no tenga solo pan, sino pan y vino, y que B no tenga solo vino, sino vino y pan, pudiendo ambos comer y beber. De no darse el intercambio A se muere de sed y B se muere de hambre, la división del trabajo resulta contraproducente, y ello obligaría a A y B a la autosuficiencia, a producir cada uno, si A no quiere morirse de sed, y si B no quiere morirse de hambre, pan y vino, lo cual tendría efectos negativos sobre la productividad y la producción.

¿Cuál sería nuestro nivel de bienestar, de cuántos bienes y servicios dispondríamos, si tuviéramos que ser autosuficientes, es decir, si tuviéramos que producir, cada uno por su cuenta, todo lo necesario para satisfacer nuestras necesidades? En tales condiciones, ¿dispondríamos de la cantidad, calidad y variedad de bienes y servicios de los que disponemos gracias a la división el trabajo, que tiene sentido solamente si el intercambio, es decir el mercado, es posible?

El mercado (intercambio) hace posible la división del trabajo, y la división del trabajo, por aquello de “zapatero a tus zapatos”, hace posible una mayor productividad (hacer más con menos) y una mayor producción (mayor oferta de bienes y servicios), tal y como lo entendió, en el siglo XVIII, Adam Smith. Todo ello, ¿tiene algo de malo? El mercado, como afirma el Papa Francisco, ¿es causa de muchos males? ¿Eliminamos al mercado y volvemos a la autosuficiencia?

Continuará.

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