VIERNES, 19 DE FEBRERO DE 2016
Malestar, desigualdad y la historia

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Aunque es prematuro afirmar que el resultado electoral de este año se determinará por el malestar económico y el impulso que le ha dado a los candidatos populistas, las lecciones de la historia no deben ignorarse.”


La semana pasada empecé a explorar la hipótesis, convertida en dogma en diversos círculos de opinión, que la desigualdad en la distribución de la riqueza y el ingreso es la causa del malestar social que conduce al renacimiento de corrientes neopopulistas que exigen el fin del control político y económico de las “élites que lo detentan.”

Mencioné que, a diferencia de México, en EU hubo un deterioro distributivo en los últimos 35 años,pero que había también otras causas de irritación social, entre las que destacan la disminuida movilidad social, producto del deterioro en la educación, y la percepción que el sistema económico y político está sesgado en favor de los ricos.

La historia nos ayuda a entender mejor lo que sucede hoy en EU en el terreno político porque algo muy similar ocurrió ya en el pasado. El siguiente párrafo, que cita al historiador Charles Postel (The Populist Vision, 2007), da una idea precisa de lo poco que han cambiado algunas cosas en 120 años:

“La revolución en las telecomunicaciones encogió a EU y al resto del mundo facilitando la centralización y la aparición de organizaciones en gran escala. Las corporaciones crecieron exponencialmente en medio de las traumáticas convulsiones del avance capitalista global… Los ricos amasaron enormes fortunas, la vida de un próspero segmento de la clase media se hizo más confortable, y los tiempos difíciles oprimieron a casi todos los demás.”

En tales circunstancias se crea un caldo de cultivo favorable al populismo, que enfatiza la redistribución y el igualitarismo, lo que suele convertirse en un obstáculo serio al acceso de la meritocracia al poder ydestruye incentivos para invertir y maximizar la estabilidad de la economía y su más acelerado crecimiento.

Sin embargo, el estallido de movimientos populistas ofrece la oportunidad también de reclutar a segmentos amplios de la sociedad para combatir a gobiernos ineptos y corruptos que prohíjan la “economía de compadrazgo,” causa de monopolios y otros arreglos que benefician a unos cuantos y perjudican a la mayoría.

En el párrafo citado, que alude al fin del siglo XIX, los dueños de ferrocarriles y bancos eran los villanos. Los primeros, de la mano con el transporte marítimo y ligados al mercado agrícola mundial por el telégrafo, iniciaron la puja por las cosechas a precios globales, en general inferiores a los locales, al tiempo que los bancos exigían cobrar los créditos otorgados a granjeros que ya no los podían pagar.

Esta explosiva combinación dio a luz al Partido Populista que junto al Demócrata, postularon para Presidente a William Jennings Bryan, personaje no muy diferente de Bernie Sanders, cuya bandera era atacar al capitalismo, los bancos y el patrón oro, recién adoptado por EU para eliminar una inflación elevada que los agricultores anhelaban para abatir sus deudas.

A pesar que Bryan fue derrotado en 1896, 1900 y 1908, el mensaje populista echó raíces que fructificaron con el insólito arribo al poder de Teddy Roosevelt, que a pesar de pertenecer al Partido Republicano adoptó una agenda radical: aplicó la ley antimonopolios, que existía pero era letra muerta;adoptó el primer impuesto sobre la renta; y emprendió la invasión de los territorios que le quedaban al imperio español.

Roosevelt confrontó a los banqueros, quienes lo acusaron de provocar el pánico financiero de 1907; inventó Panamá como nación independiente de Colombia, para construir el canal; y ejerció una política neo-imperialista para entrometerse a su antojo en otros países. ¡Y hoy, ya hay quien lo compara con Donald Trump!

Es prematuro afirmar que el resultado electoral de este año se determinará por el malestar económico y el impulso que le ha dado a los candidatos populistas, pero las lecciones de la historia no deben ignorarse y hay que aprovecharlas para reformar lo que no está funcionando en el sistema económico prevaleciente.

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