LUNES, 7 DE MARZO DE 2016
Las manipulaciones cambiarias

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“Es hora de que regrese la disciplina fiscal y monetaria. Las manipulaciones macroeconómicas son de corto plazo, y no sirven para sostener a lo largo del tiempo a ninguna economía.”


En estos días ha vuelto a ponerse de moda las intervenciones y manipulaciones arbitrarias de los tipos de cambio y las tasas de interés. Desde Estados unidos hasta China y pasando por México, las autoridades monetarias intentan manipular el mercado cambiario. Se equivocan rotundamente si creen que saldrán bien las cosas.

Para el caso de México, se hubieran ahorrado los miles de millones de divisas que emplearon para defender al peso “como un perro”. Las autoridades debían haber sabido que el peso es la moneda más intercambiada del mundo entre los países emergentes y que poco o nada podían hacer para detener su depreciación. Eso dio pie a un arbitraje orientado a especular en contra del peso. Menos mal que han ajustado la estrategia (de la política fiscal ni hablo, pues no creo en la austeridad fiscal de Peña Nieto, ahí están las cifras, siguen con sus cuentas alegres, el gobierno subsidiando sin ton y son a medio mundo), pero hace unos días subastaron de golpe dos mil millones de dólares en una sola jornada. Cuidado, las autoridades juegan con fuego. Pueden hacer perder a los especuladores en unas jornadas, pero en el largo plazo ninguna intervención cambiaria funciona y menos al manipular arbitrariamente las tasas de interés.

El economista austriaco Friedrich Von Hayek insistía que la moneda no tiene que ser creada por una autoridad única, sino que lo mismo que los idiomas, las leyes y la moral emergen y evolucionan espontáneamente. Hayek instaba a los empresarios a lanzar un movimiento en respaldo de la moneda libre, como lo hicieron en el siglo XIX con el libre comercio (sin la existencia de los bancos centrales).

Para que una moneda se vuelva fuerte es fundamental que las variables fundamentales de la economía sean también sólidas. Y nos referimos a la productividad de los factores productivos como el trabajo de las personas en combinación con el uso de maquinaria y equipo y en un contexto de libertad de elegir (libertad económica plena sin -o muy pocos- obstáculos para ahorrar, invertir y consumir) y de constante innovación tecnológica.

Los países con fuerte productividad (producir más en menos tiempo) se vuelven tan competitivos en la producción de sus mercancías, que “todo mundo” quiere comprarlas, por lo que su moneda se ve fortalecida. Asimismo, estos países son un fuerte imán de atracción de capitales para invertir, lo que refuerza aún más su moneda.

Viceversa, un país con poca libertad económica (obstáculos gubernamentales para emprender, invertir, ahorrar, producir y consumir) verá cómo la productividad de sus factores productivos es muy baja, la acumulación de capital es magra y la innovación tecnológica brilla por su ausencia. Sus mercancías por tanto dejan mucho que desear, por lo que pocos las demandan. Atraen pocas inversiones del resto del mundo o incluso los capitales huyen de estos mercados (véase el caso argentino, venezolano, boliviano y ecuatoriano y demás países con su llamado proyecto socialista del siglo XXI). Su moneda por tanto es débil. Si en estos países hay dictadura de gobierno, entonces se imponen diversos controles cambiarios. Léase el caso de Cuba y de Corea del Norte.

Lo peor se da cuando los gobiernos intervencionistas se imponen en el lado monetario. Sí, cuando quieren “fortalecer” o “debilitar” una moneda con el fin de beneficiar a determinado grupo económico. Eso se llama mercantilismo y es una maldita enfermedad que enriquece a unos cuantos a expensa de la pobreza de muchos. Sí, cuando se habla de un tipo de cambio “competitivo” (¿competitivo para quién?), lo que se deja ver es una conducta proteccionista que desea que una moneda esté débil para abaratar artificialmente a las mercancías producidas internamente; en una palabra, favorecer a los exportadores, olvidando que con ello se daña gravemente a los importadores y lo peor, a los consumidores -todos- cuyo poder de compra se ve afectado al devaluar la moneda en cuestión pues nuestros ingresos y salarios son en pesos.

El valor de las monedas está íntimamente relacionado con la competitividad de las naciones, no se debe a las intervenciones cambiarias de los gobiernos para defender una determinada paridad (el caso chino es ejemplificativo, devalúan sin ton y son para “estimular” sus exportaciones y salir del atorón económico en que se encuentran, esa estrategia sólo terminará dañando a su economía).

Escribo esto para que las autoridades monetarias y fiscales recuerden las consecuencias nefastas de las manipulaciones cambiarias. 

El peso mexicano se apreciaría si de una vez por todas se liquida a todas las paraestatales del gobierno. El tipo de cambio se apreciaría si de una vez por todas el gobierno decide recortar los miles de millones de pesos con las que subsidia a sindicatos, empresarios corruptos coludidos con el régimen y reduce de golpe su nivel de endeudamiento en al menos 30 puntos porcentuales (reducir el coeficiente deuda/PIB a menos de 20 del porciento, no olvidar que hoy el nivel de endeudamiento del gobierno representa la mitad del PIB, cifra insostenible en el mediano plazo en especial por la volatilidad cambiaria).

Es hora de que regrese la disciplina fiscal y monetaria. Las manipulaciones macroeconómicas son de corto plazo, y no sirven para sostener a lo largo del tiempo a ninguna economía. Sólo hay que revisar la historia económica.

• Tipo de cambio • Intervencionismo • Política cambiaria

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