Pesos y contrapesos
Abr 8, 2016
Arturo Damm

México: Infierno fiscal (II)

Mientras no se revise a fondo en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, poner un peso más en manos del mismo es tanto como meterle dinero bueno al malo, algo que debería evitarse a toda costa.

En México padecemos un infierno fiscal, tanto por el lado tributario (el de los impuestos) como por el presupuestario (el de los gastos: el gobierno gasta en lo que no debe, razón por la cual gasta de más, y en muchos casos lo hace de mala manera), y no hay forma de eliminarlo. Reformas fiscales van y vienen y el infierno permanece, comenzando por el engendro tributario: muchos impuestos y poca recaudación.

Si el año pasado, en vez de los 21 impuestos diferentes que se cobraron a nivel federal (considerando por separado cada uno de los Impuestos Especiales sobre Producción y Servicios), se hubiera cobrado un solo impuesto (ojo: uno solo, ni uno más) a la compra de bienes y servicios de las familias (consumo privado), de las empresas (formación bruta de capital fijo) y de los extranjeros (exportaciones) del 15 por ciento, incluidos todos los bienes y servicios, y sin evasión, la recaudación hubiera sido 45.8 por ciento mayor de la que fue, muestra de que sí se pueden cobrar menos impuestos (de hecho uno solo) y recaudar más (un 45.8 por ciento, en el caso que analizo), Y sin embargo, inexplicablemente, seguimos padeciendo el engendro tributario.

Dicho lo anterior aclaro lo siguiente. Mientras no se revise a fondo en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno (y como ya lo apunté: el gobierno gasta en lo que no debe, razón por la cual gasta de más, y en muchos casos de mala manera) poner un peso más en manos del mismo (tal y como sucede año tras año) es tanto como meterle dinero bueno al malo, algo que debería evitarse a toda costa.

El año pasado, con un impuesto único a la compra de bienes y servicios del 10.4 por ciento, el Gobierno Federal hubiera recaudado la misma cantidad (2.4 millones de millones de pesos) que recaudó con los 21 impuestos distintos que cobró. ¿Qué tenemos? Un engendro tributario, que forma parte esencial del infierno fiscal que padecemos, y seguiremos padeciendo.



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