Pesos y contrapesos
Jun 1, 2016
Arturo Damm

Crecimiento y pobreza (III)

Una cosa es tener bienes y servicios suficientes para satisfacer necesidades y otra muy distinta dejar de ser pobre.

Si aceptamos que la pobreza consiste, como la definen los diccionarios, y como por lo generalmente se acepta, en la carencia de los bienes y servicios imprescindibles para, por lo menos, satisfacer correctamente las necesidades básicas, siendo tales las que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud o la vida del ser humano, entonces, si gracias al Estado Benefactor, y a su agente principal, el gobierno redistribuidor, a los pobres se los provee con los satisfactores indispensables para cubrir adecuadamente sus necesidades básicas, dejarían de ser, conforme a tal definición de pobreza, pobres. Usted lector, ¿está de acuerdo?

¿Qué pasaría con esa persona, mantenida por el Estado Benefactor, si el gobierno redistribuidor, que es el principal agente de dicho Estado, dejara de proveerla con los bienes y servicios primordiales para satisfacer sus necesidades? Inmediatamente pasaría a ser de nueva cuenta pobre, momento de preguntar si alguna vez realmente dejó de serlo. Porque una cosa es tener bienes y servicios suficientes para satisfacer necesidades y otra muy distinta dejar de ser pobre. Si alguien satisface sus necesidades gracias a la provisión de satisfactores de parte del gobierno redistribuidor no pasa de ser un mantenido, y el reto es que sea autosuficiente, capaz de vivir gracias al trabajo propio, no gracias al trabajo de alguien más: los contribuyentes de cuyos impuestos sale el dinero con el que el gobierno redistribuidor lo provee de los satisfactores necesarios.

La definición de pobreza como carencia de los bienes y servicios necesarios para, por lo menos, satisfacer correctamente las necesidades básicas, ¿es la correcta, sobre todo si lo que se pretende es eliminarla? Si el gobierno, produciendo dinero (efecto inflacionario aparte), comprando con él los bienes y servicios de los que carecen los pobres, los provee de todo lo que les haces falta, ¿éstos realmente dejan de ser pobres? ¿Para dejar de serlo basta con tener lo indispensable, independientemente de cómo se haya obtenido? En el combate a la pobreza, ¿lo importante es el fin o también el medio?

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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