Pesos y contrapesos
Ago 25, 2016
Arturo Damm

El camino del progreso económico (IV)

La competitividad de las empresas depende de la competencia que enfrenten, debiendo ser ésta la mayor posible.

Más inversiones directas igual a más creación de empleos, igual a mayor demanda de trabajo, igual a mayores remuneraciones, igual a más poder de compra, igual a mayor compra de bienes y servicios, igual a mayor consumo, igual a menor escasez, igual a mayor bienestar, todo lo cual dará mejores resultados si los precios a los que se ofrecen los bienes y servicios resultan los menores posibles. ¿Cómo lograrlo? Con la mayor competencia posible en todos los sectores de la actividad económica y en todos los mercados de la economía.

¿De qué depende cuánto se invierte directamente en una economía? De la competitividad del país, de su capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos. ¿De qué depende cómo se invierte en un país, en el entendido de que se debe invertir de tal manera que los bienes y servicios, productos de esas inversiones directas, se ofrezcan a los consumidores con la trilogía de la competitividad: menores precios (los menores posibles), mayor calidad (la mayor posible) y mejor servicio (el mejor posible)? Cómo se invierte en un país depende de la competitividad de las empresas, de su capacidad para ofrecer a menor precio, con mayor calidad y mejor servicio que sus competidores, todo ello en beneficio de los consumidores.

¿De qué depende la competitividad de las empresas? De la competencia que enfrenten, debiendo ser ésta la mayor posible, para lo cual se requiere, de entrada, que el gobierno permita que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia no la nacionalidad de los competidores) que quiera participar en algún sector de la actividad económica (produciendo) o en algún mercado de la economía (importando) lo pueda hacer.

Mayor competencia entre productores y oferentes igual a menores precios, igual a mayor poder adquisitivo del dinero y del consumidor, igual a mayor disposición de bienes y servicios de pare de la gente, igual a menor escasez, igual a mayor bienestar.

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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