VIERNES, 26 DE AGOSTO DE 2016
El camino del progreso económico (V)

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“El camino del progreso económico pasa por las inversiones directas, la competencia entre oferentes, y la preservación del poder adquisitivo del dinero, no existiendo sustitutos, por lo que buscarlos supone perder el tiempo.”


Primer efecto, por el lado de la oferta: más inversiones directas igual a más producción y oferta de bienes y servicios, igual a menor escasez. Segundo efecto, por el lado de la demanda: más inversiones directas igual a más creación de empleos, igual a mayor demanda de trabajo, igual a mayores remuneraciones, igual a más dinero en manos de los trabajadores, igual a mayor demanda, compra y consumo de satisfactores, igual a menor escasez, igual a mayor bienestar. Tercer efecto, por el lado de los precios: mayor competencia entre productores y oferentes igual a menores precios, igual a mayor poder adquisitivo del dinero, igual a mayor demanda, compra y consumo de satisfactores, igual a menor escasez, igual a mayor bienestar.

Las claves del progreso económico: inversión directa y competencia, inversión directa que depende de la competitividad del país (su capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos), competencia que incentiva la competitividad de las empresas (su capacidad para, en términos de precios, calidad y servicios, hacerlo mejor que los demás), inversión directa de la cual depende la dimensión cuantitativa del progreso (la capacidad para producir más bienes y servicios), competencia de la cual depende su dimensión cualitativa (capacidad para producir mejores bienes y servicios) y, también, su dimensión social (para un mayor número de gente).

El camino del progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, pasa por las inversiones directas, la competencia entre oferentes, y (por lo menos) la preservación del poder adquisitivo del dinero, no existiendo sustitutos, por lo que buscarlos supone perder el tiempo, ¡el más escaso de los recursos!, como desafortunadamente se ha hecho a menudo desde el mercantilismo, el socialismo o el keynesianismo.

Para terminar recordar, con Adam Smith, que los ingredientes de la receta para el progreso económico son la paz, pocos impuestos y una aceptable impartición de justicia. En México, ¿cómo andamos?

• Cultura económica • Competencia • Prosperidad

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