Asuntos Políticos
May 15, 2006
Cristina Massa

El futuro de la Contienda

Es importante si como perdedor, el candidato del PRI es capaz de inclinar la balanza a favor de alguno de sus competidores. En cualquier caso esa será una alternativa que sólo se presentará después del siguiente debate.

Las encuestas electorales son fotografías de la opinión pública que sólo revelan las preferencias de los votantes en un instante. Las encuestas son mediciones que pueden cambiar a lo largo del proceso electoral y son útiles porque ayudan a identificar los efectos, positivos o negativos, de las campañas de los candidatos. Ilustran escenarios y sugieren los mecanismos para cambiarlos o mantenerlos. Los nuevos resultados electorales así lo demuestran. El nuevo liderazgo de Felipe Calderón ha redirigido las campañas de sus oponentes.

 

López Obrador ya no es el puntero de la contienda y debe tomar cartas en el asunto. Si bien había resultado exitoso al mostrarse como la alternativa distinta a sus oponentes, una vez que las posiciones de Madrazo y Calderón se acercaron a la izquierda, ha quedado relegado al radicalismo. Por lo que ha alejado a sus votantes dentro del grupo de los independientes que ahora lo asocian con la violencia de Atenco.

 

Madrazo, al posicionarse más cerca al candidato perredista, ha logrado mantener a sus votantes partidistas. Con ello, sin embargo, poco pudo hacer para conquistar al electorado independiente. La campaña priísta ha estado marcada por la intención de mantener unida a su base de votantes que, si bien no le otorgará una coalición ganadora, le permite mantener una posición competitiva en la contienda.

 

Calderón en cambio ha aprovechado el movimiento del PRI para colocarse en un cómodo centro mayoritario. Su migración de la derecha radical al centro negociador le ha granjeado importantes apoyos de un electorado más liberal. Mientras López Obrador sigue marcando una distancia de ricos contra pobres, el panista ha sido capaz de articular un discurso dinámico donde todos los sectores sociales pueden encontrar un respaldo. No es fortuito que su discurso enfatice la unidad de los mexicanos y el combate al desempleo.

 

Más allá del puritanismo, de la santidad política, de la deseabilidad de las campañas, está la trinchera de la realidad, la batalla por los votos, los discursos que compiten entre sí, los candidatos que no sólo deben mostrarse de un modo sino mostrar a sus competidores de otro. La política no es sino la guerra por otros medios, afirmaba Von Clausewitz. La contienda electoral es simplemente su momento más álgido.

 

El PRD ha iniciado su respuesta a los ataques, ingresó ya a la guerra sucia de sus opositores. El manto de castidad de doña Elenita demostró ser insuficiente. El valor moral no pudo contrarrestar la mafiosa designación de los candidatos perredistas al Congreso. Ahora que Andrés Manuel pierde volteará a sus opositores. Golpeará a Calderón en el eje de competencia en el que se siente invulnerable, el de la honestidad valiente. Deberá cuidar que no se derrame un beneficio importante a la campaña madracista.

 

López Obrador intenta que los electores identifiquen a Calderón con el gobierno foxista; sin embargo, la efectividad de esta estrategia no es evidente. Si bien parece viable, López Obrador tendría que ser más agresivo y apostar con su imagen a fomentar esa asociación. Los spots actuales no pagan el costo necesario para enviar un mensaje creíble.

 

Calderón por su parte administrará su victoria. Intentará consolidarse como el candidato de las propuestas, el técnico. Esa es su ventaja personal y ahora la contienda le permite campear en su terreno. Los resultados económicos de este primer trimestre del año, favorecen la idea de que la continuidad del gobierno no es tan negativa. Por otra parte Calderón ha sabido mantener una sana distancia con los errores presidenciales.

 

Madrazo se lanzará por propuestas que satisfagan a la población urbana que no termina de aceptarlo. Los operadores electorales del PRI poco podrán hacer por el voto no corporativo, es decir, el mayoritario. Madrazo logró en el debate ser considerado pero debe generar pronto una imagen ganadora. Podrá enfatizar que las encuestas cambian, que ayer era AMLO, hoy Calderón, que nada importan. No hay elementos para descontar a algún candidato de los partidos más importantes.

 

Madrazo parece tener menos posibilidades pero su campaña ha conseguido mucho en escenarios adversos. El tiempo del PRI se reduce pero también se mejoran sus relaciones internas. Cada vez serán menos las deserciones y más los operadores trabajando en conjunto. El PRI mantiene una fuerza organizacional envidiable.

 

El objetivo del PRI es y debe ser conquistar a un porcentaje importante, aunque aún minoritario, del electorado urbano que hoy se siente más cercano al PAN, sin perder terreno entre los votantes rurales que pudieran migrar al PRD. El problema de Madrazo es que debe intentar posicionarse en un amplio centro ideológico. Sin embargo la poca credibilidad de su candidatura dificultará promesas distantes y creíbles a la vez. En cualquiera de los casos Madrazo mantiene posibilidades de ganar la elección.

 

Pero aún importante resulta si como perdedor, el candidato del PRI es capaz de inclinar la balanza a favor de alguno de sus competidores. En cualquier caso esa será una alternativa que sólo se presentará después del siguiente debate.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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