VIERNES, 28 DE JULIO DE 2017
Lecturas de verano: El capitán del Arriluze

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“En estos días aciagos en los que la tragicomedia bufa en la ciudad de Washington engendra miasmas ponzoñosos, lo más sensato es refugiarse en la lectura de un buen libro...”


En estos días aciagos en los que la tragicomedia bufa en la ciudad de Washington engendra miasmas ponzoñosos que envuelven a la Casa Blanca y empujan a su inquilino al desfiladero, lo más sensato es refugiarse en la lectura de un buen libro, en este caso la notable historia del abuelo del autor Luis de Lezama.

Don Luis es un personaje notable a quien tengo el gusto de conocer desde hace 28 años cuando inauguró su Taberna del Alabardero en la capital de EU, y yo había recién llegado a hacerme cargo de los asuntos económicos en la embajada de México.

Lezama es un hombre de talentos y habilidades múltiples: cura, periodista, exitoso empresario en restaurantes y hoteles, escritor, y de lo que más se enorgullece en estos días es de su labor como innovador en la educación en su escuela modelo de Santa María la Blanca, Madrid, con métodos galardonados por la OECD.

La historia del capitán de la marina mercante española que comentamos hoy, dónde al final del relato se entera el lector de su vínculo familiar con el autor, cuenta el último viaje de su barco de carga, el Arriluze, en los días previos al inicio de las hostilidades en la guerra civil española en 1936.

Al capitán Policarpo Barañano le encargan las autoridades civiles republicanas del puerto de Valencia llevar un cargamento secreto al mar Cantábrico. La información que describe el contenido de su carga y su destino final, se aclara en sendos sobres lacrados que le piden que no abra sino al dejar atrás aguas españolas.

En Cartagena, próximo puerto en su ruta, abordan el barco dos pasajeros, Margarita Xirgú, connotada actriz e intérprete de las obras de Federico García Lorca, y un sibilino inspector de navíos del gobierno que eventualmente se amotina contra el capitán y su tripulación al revelar ser afín al levantamiento franquista.

Quizá el principal logro de Lezama en esta obra, es recrear el espíritu de zozobra que permea en un barco que lleva la bandera de la república legalmente constituida, y con poca información de lo que ocurre en España, pero que tiene que tocar puertos para abastecerse a lo largo de su trayecto donde se respira igual desazón.

La trama de lo que ocurre en el Arriluze refleja las profundas divisiones políticas que se arraigan cada vez más entre españoles y que los fuerzan a tomar partido por la república o por el alzamiento armado en su contra. En ambos casos, se fortalecen en sus respectivas dirigencias los extremos comunista y fascista.

Esta creciente polarización pone en aprietos a gente que no coincide con ninguno de esos extremos como el capitán Barañano, quien se define a sí mismo como católico practicante y nacionalista vasco, pero que considera que la república es el gobierno legítimo de España por lo que le otorga su adhesión y fidelidad.

Cuando estalla el conflicto bélico el 18 de julio, el Arriluze está cruzando, de noche y con gran sigilo, el estrecho de Gibraltar con el fin de entrar al puerto de Algeciras para desembarcar a la señora Xirgú a quien ya esperaban para conducir por la vía de la Plata hasta Santander desde donde partiría al exilio en América.

El resto de la travesía ocurre alrededor de ricas aventuras, a pesar del ambiente de tensión y temor crecientes, hasta llegar al malhadado destino en una rada cercana al puerto de Avilés en Asturias, donde el Arriluze se ve forzado a encallar por los cañonazos de un buque de guerra en manos de los alzados.

El capitán logra entregar su carga y salvar a casi toda su tripulación, pero él permanece en su barco, es hecho prisionero y fusilado días después en un puerto gallego que durante la dictadura franquista habría de llamarse el Ferrol del Caudillo por haber nacido Franco allí.

¡Una historia fascinante y genialmente contada!


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