LUNES, 14 DE AGOSTO DE 2017
Prohibición: justicia y eficacia

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“Las leyes que definen como delictivas actividades que por su propia naturaleza no lo son, convierten en delincuentes a personas que, de manera natural, no lo son.”


De cualquier ley hay que preguntar, primero, si es justa (¿respeta los derechos de las personas?) y, segundo, si es eficaz (¿logra los fines para los que fue promulgada?), preguntas que hay que hacer, de manera urgente, respecto a las leyes que prohíben la oferta y la demanda de drogas. ¿Son justas? ¿Son eficaces?

Antes de responder tengamos en cuenta que las únicas conductas que las leyes deben prohibir y castigar son la que violan derechos de terceros, las que son delictivas por su propia naturaleza: matar (violar el derecho a la vida), secuestrar (violar el derecho a la libertad), robar (violar el derecho a la propiedad). Producir, ofrecer y vender drogas; demandar, comprar y consumirlas, ¿son conductas delictivas por su propia naturaleza, que violan derechos de terceros? Son conductas éticamente cuestionables, pero no delictivas por su propia naturaleza, razón por la cual no deberían prohibirse, por más buena que sea la intención del legislador: evitar que el drogadicto se dañe a sí mismo.

Las leyes que prohíben la oferta y demanda de drogas son injustas porque violan el derecho a la libertad individual y a la propiedad privada, y tal vez no haya mayor amenaza para la convivencia civilizada que la promulgación de leyes injustas, sobre todo cuando, además de injustas, resultan ineficaces, como ineficaces resultan siempre las leyes injustas. Todo lo relacionado con la prohibición de la oferta y demanda de drogas es un claro ejemplo.

Las leyes que prohíben la oferta y demanda de drogas, ¿han sido eficaces? ¿Han logrado terminar con su producción y consumo? No, y muy probablemente han incentivado ambos.

Las leyes que definen como delictivas actividades que por su propia naturaleza no lo son, por más que dicha actividad sea éticamente cuestionable, convierten en delincuentes a personas que, de manera natural, no lo son, como no lo son los productores, oferentes y vendedores de drogas, cuya actividad resulta éticamente cuestionable, pero que de ninguna manera es delictiva por su propia naturaleza. Todo ello, ¿no resulta injusto?

• Drogas • Derecho y economía

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