VIERNES, 8 DE SEPTIEMBRE DE 2017
López Obrador vino a Washington

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“El público que lo escuchó pudo comprobar que es un político ramplón, que ofrece soluciones mágicas para problemas complejos, muy a la Trump.”


El martes pasado estuvo en Washington Andrés Manuel López Obrador invitado por el Wilson Center y el Interamerican Dialogue, centros de análisis de relaciones internacionales que suelen hacer su propia pasarela de los candidatos presidenciales que aparecen en el elenco en México cada seis años.  

El primero en llegar a la capital de EU en 2017 es el único candidato conocido, aunque con su habitual duplicidad se presentó solo como jefe de su partido, fue el populista tabasqueño, quien había venido antes de la elección de 2012. Su presencia generó la expectativa de quien desea oír uno más de sus exaltados fervorines.

Quienes así pensaron, salieron decepcionados pues AMLO leyó desganadamente un mal discurso, salpimentado de glosas serpenteantes y de los lugares comunes que nos endilga en su campaña presidencial perenne, empezando por denunciar la corrupción y el modelo “neoliberal” como las causas de todos los males del país.

Los anfitriones y el público no pudieron ser más complacientes con AMLO y no hubo preguntas incómodas, a pesar que su discurso estuvo más lleno de hoyos que un queso suizo, con la posible excepción de si daría marcha atrás a la exitosa reforma energética, a lo que respondió que todo era mentira, pura propaganda del gobierno y que el sector energético era un completo desastre.

Con gran cinismo, AMLO, cabecilla de una banda delincuencial (Ponce, Bejarano, Imaz, Padierna, Cadena, etc.) presume de honesto, aunque su desempeño como alcalde de la capital de México fue de gran opacidad. “La lucha contra la corrupción la haría de arriba a abajo, como se lavan las escaleras, con mi ejemplo” dijo, cuando no se sabe de qué ha vivido los últimos 12 años ni su patrimonio, que según él no existe.

¿Cómo pretende atender la crisis de violencia que asuela al país? Muy sencillo: cambiando el modelo económico y usando el petróleo como palanca del desarrollo, con lo que habrá rápido crecimiento y pujante creación de empleo, lo que removería la causa de la violencia que es la falta de oportunidades para los jóvenes, ¿en serio?

¿Y el tráfico de drogas? Muy simple, que EU deje de consumirlas con campañas de propaganda, mientras él ofrece cesar la guerra contra los narcos pues cree que la violencia se debe a la participación de las fuerzas armadas y las policías federales atacando a los traficantes y no al revés.

López Obrador mostró una vez más su inaudita ignorancia al elogiar las políticas del presidente de EU Woodrow Wilson (1912-20) que, según él creó mucho empleo con más gasto público y fue generoso con los inmigrantes, cuando Wilson era un racista extremo y enemigo de los migrantes, a quienes amenazó con “aplastar” en 1915. 

En otro pasaje de su laberíntico discurso prometió modernizar las seis refinerías de petróleo que tiene el país y construir dos más, alcanzar la “soberanía alimentaria,” revertir la migración campo-ciudad mediante “el rescate del campo” (?) y construir obras “intensivas en mano de obra.”

En esta época erigir refinerías es un despropósito antieconómico, según los expertos; intentar la autosuficiencia alimentaria encarecería la comida de los más necesitados; y promover que más personas regresen al ámbito rural, es condenarlas a la pobreza pues su productividad en actividades primarias tradicionales sería bajísima, al igual que impulsar obras intensivas en el uso de la mano de obra. 

La demagogia que vino AMLO a esparcir en Washington no es sino regurgitar el populismo de la docena trágica (1970-82) con las fallidas políticas de Echeverría y López Portillo. El público que lo escuchó pudo comprobar que es un político ramplón, que ofrece soluciones mágicas para problemas complejos, muy a la Trump.  

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