VIERNES, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2017
Se aviva el racismo en EU

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“Un breve recuento del racismo en Estados Unidos y su preocupante resurgimiento con Trump.”


La mera existencia de EU como nación independiente fue marcada por un arraigado racismo que diezmó a la población de indios que hallaron los colonizadores ingleses en las costas septentrionales de América, para seguir con la importación masiva de esclavos africanos para trabajar la tierra.

Hay una contradicción esencial entre la república que prioriza que “todos los seres humanos han sido creados iguales con derechos inalienables, entre los que destacan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad,” que EU proclama al mundo, con la práctica de mantener esclavos y despojar a los indios de sus tierras.

En el curso de sus primeras décadas como país independiente, se enraizó en EU una honda bifurcación entre los estados del Norte industrial con base en la sustitución de importaciones y sin esclavos, y el Sur con una economía agrícola de plantación y esclavitud, y cuya mera existencia dependía de la libertad de comercio con el mundo.

Los linderos físicos de esta dicotomía se definieron con la adopción del Compromiso de Missouri en 1820 que precisaba que los territorios al norte de la línea Mason-Dixon –trazada para definir la frontera entre Maryland y Pennsylvania– podrían ingresar en la Unión sin esclavitud mientras que al sur ocurriría lo contrario.

Esta escisión, junto con la Doctrina Monroe, el veto de EU a la intervención europea en las Américas, y la tesis del Destino Manifiesto, que le atribuía a Dios haber otorgado a EU el derecho de apropiarse de los territorios que quisiera, llevó a la debacle de Tejas, a las guerras de conquista con México y España –para quitarle Cuba, Filipinas y Puerto Rico–, y al robo a Colombia para acabar el canal de Panamá.

En toda esta historia, la lucha entre esclavistas y abolicionistas jugó un papel central pues el Destino Manifiesto lo tomaron los sureños como el medio esencial para la supervivencia de la esclavitud: mientras más territorios anexaran al sur de la línea Mason-Dixon, mejor.

El partido demócrata-republicano creado por Thomas Jefferson (1801-09) lo usurpó  el demagogo Andrew Jackson (1831-39) y transformó su plácida, aunque poco realista, agenda pastoral y libertaria, en una plataforma populista, intervencionista y racista, que anteponía como prioridad la conquista de nuevos territorios al sur de EU como la única vía para la sobrevivencia del feudalismo de plantación.  

La pugna entre esclavistas y abolicionistas hizo estallar la organización política en 1860, cuando Abraham Lincoln funda un nuevo partido republicano para cumplir con las promesas de la Declaración de Independencia y abolir la esclavitud, partido que adoptó la agenda y tradición federalista de Alexander Hamilton, que llevó a George Washington a la presidencia y sentó las bases de la grandeza de EU.

Una de las consecuencias del nuevo arreglo político en EU fue la escisión definitiva entre Norte y Sur que no podía culminar sino en la secesión de los estados sureños  confederados para crear una nación esclavista y resuelta a conquistar nuevos territorios para extender el azote de la esclavitud, o en la Guerra Civil que tuvo lugar.

Desde la abolición de la esclavitud EU ha hecho esfuerzos por integrarse racialmente, aunque disparejos y de una lentitud desesperante. Un siglo después de la Guerra Civil, personas cercanas a mí sufrieron la humillación de ser obligadas a usar baños públicos “solo para gente de color” y la sección para negros del transporte público.

Esta triste historia, que avergüenza a los muchos estadounidenses bien nacidos, ha tomado nueva vida con Donald Trump y su despreciable legión de seguidores que no pierden oportunidad de atizar la hoguera del odio y la discriminación racial.

¡Qué horror y qué vergüenza!

• Derechos humanos • Estados Unidos • Racismo

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