VIERNES, 15 DE DICIEMBRE DE 2017
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“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Manuel Suárez Mier







“Algunos lineamientos que debería incluir el programa de Meade, que contrastarían con los dislates y ocurrencias populistas de sus contendientes.”


El año próximo aparece hoy lleno de peligros para el mundo en general, y en especial para México que se halla en medio de una peligrosa negociación con su principal socio comercial, ante la posición irracional y belicosa de Estados Unidos por el liderazgo errático y fracasado de Donald Trump.

Están también los retos domésticos, con una campaña electoral de marcado populismo por el inveterado demagogo López Obrador cuya última puntada fue anunciar una “beca” de 3,600 pesos mensuales para 2 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, los “ninis,” mientras el mozalbete Ricardo Anaya, su aprendiz de la coalición PAN-PRD, ofrece el “ingreso básico universal.”

Esta feria de promesas incumplibles frente a una finanzas públicas precarias, brinda una oportunidad de oro al candidato José Antonio Meade, el único adulto contendiente hasta el momento, de diferenciarse de los embaucadores y proponer un plan sensato y bien diseñado para elevar el crecimiento del país, al tiempo que se mantiene su estabilidad financiera y de precios.

Por supuesto que hay muchísimo por hacer para racionalizar el gasto público y eliminar el enorme desperdicio que hoy se derrama en ineficiencia y corrupción pero ello no se consigue con soluciones mágicas como las de AMLO que cree que su sólo ejemplo va a eliminar la podredura y el desperdicio en el gobierno.

El programa de Meade debe incluir las siguientes políticas para lograr crecer más rápido sin generar inestabilidad:

1. Elevar substancialmente la inversión pública productiva y reducir en forma acorde el gasto corriente del gobierno federal y las transferencias a los estados.

2. Invertir los recursos necesarios para mejorar el estado de derecho, el respeto a los derechos de propiedad privada y el cumplimiento de las leyes, lo que implicará una simplificación importante dada su complejidad y profusión. Esto permitirá atraer cantidades adicionales significativas de inversión privada.

3. Eliminar trámites burocráticos e injerencia de todos los niveles de gobierno en la actividad económica, lo que se hizo con gran éxito a principios de los años 90 pero ha habido una regresión lamentable.

4. Desarrollar capital humano, lo que significa no sólo aplicar bien la reforma educativa del actual sexenio sino irse a fondo para educar a las siguientes generaciones en las artes y destrezas indispensables para tener éxito en el cambiante contexto productivo del futuro. Hay que contrastar esta iniciativa con las sandeces de AMLO, aliado con la bazofia de los maestros ineptos y fundador de la peor calificada universidad de México.

5. Una reforma fiscal seria que revierta la de 2013, genere los incentivos idóneos para invertir y ahorrar, desaliente la evasión, el consumo y simplifique los barrocos códigos y procedimientos que hoy tenemos.

6. Promover la competitividad y la susceptibilidad de defenderse de abusos de las autoridades, y de monopolios, oligopolios o grupos ilícitos que chantajean a las empresas y a las personas para extraer “rentas.”

7. Como parte esencial de un programa de mayor inversión pública y que aliente la privada, hay que meterle dinero a la infraestructura: carreteras eficientes y seguras; puertos y aeropuertos modernos y aptos; internet amplio y expedito; telefonía competitiva; transporte público eficaz y seguro; y mejorar tantas otras cosas que hoy deprimen la competitividad de los mexicanos.

Lineamientos juiciosos de gobierno como éstos, apropiadamente explicados por Meade en lenguaje llano, hay que compararlos con los dislates y ocurrencias populistas de sus contendientes para que los votantes comprendan las abismales diferencias entre sus propuestas.   


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