MIÉRCOLES, 31 DE MAYO DE 2006
Un ominoso juego en "dos pistas"

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“Una de las características que definen al nuevo populismo lationamericano es la deslealtad hacia las instituciones democráticas”


Una de las características que definen al nuevo populismo latinoamericano es la deslealtad hacia las instituciones democráticas, similar a la que manifestaron el nacional-socialismo en Alemania, el fascismo en Italia y muy notoriamente los partidos comunistas en Occidente, financiados por la Unión Soviética.

           

En cierta forma, la retórica del nuevo populismo es más chabacana y menos incendiaria que la retórica de los antiguos comunistas. Esto la hace más insidiosa.

 

El nuevo populismo cuando quiere ser “presentable en sociedad” – es decir: asimilado a la normalidad democrática de Occidente- adopta algunas reivindicaciones más propias de la social-democracia que del socialismo descarnado o del comunismo simple, cual es el caso de la retórica, vacía de ideas pero cargada de emociones, de un José Luis Rodrìguez Zapatero en España o del argentino Néstor Kirchner hablando en foros internacionales.

 

A diferencia de Kirchner o de Zapatero, un populista de avanzada – por llamarle así- como Hugo Chávez cada vez más prescinde de esa retórica aceptable como muestra de la pluralidad democrática, para entonar el discurso y aplicar los métodos de la oclocracia (gobierno de la chusma) totalmente opuestos a los principios de ley (rule of law) y libertad que dan fundamento a la democracia auténtica y representativa.

 

Como ya se dijo, esta dualidad o juego en dos pistas – la pista de la legalidad institucional y la pista de la algarada o tumulto callejero- rinde frutos eficaces. Quienes juegan alternativa o simultáneamente en esas dos pistas obtienen la ventaja de sustraerse, cuando así les conviene, de las reglas de convivencia del Estado de Derecho, dejando indemnes a sus adversarios quienes están constreñidos a su vez, por convicción, a jugar solamente y siempre en la pista de la legalidad institucional.

 

Un ejemplo: el gobierno de Kirchner en Argentina repetidamente ha recurrido, de forma abierta o velada, a ciertos grupos de “piqueteros” para “defender” decisiones de gobierno o para nulificar a posibles adversarios políticos. (Recuérdese a los “piqueteros” atacando estaciones de servicio de combustibles que no se doblegaban a la disminución de precios exigida por Kirchner).

 

Otro caso. ¿Por qué un partido político, compitiendo en una justa electoral con reglas preestablecidas y órganos jurisdiccionales, de pronto se confunde con movimientos no-institucionales, típicos de la ocloracia, y se asienta en una especie de campamento o plantón en el Zócalo de la Ciudad de México, para recabar “firmas de apoyo” para su candidato?, ¿se pretende que las firmas funcionen como “votos paralelos” que suplan a los votos legales – individuales y secretos- en caso de que sea insuficiente el mecanismo democrático para alzarse con el triunfo?, ¿se trata de “arrebatar”, mediante el recurso al tumulto, en caso de no poder ganar compitiendo con las reglas del juego?

 

Tal actitud resulta desleal hacia la democracia y presagia un uso aún más intensivo y extenso del tumulto – de la oclocracia- en caso de llegar al poder. Como en Venezuela hoy las turbas, perfectamente instruidas por el gobierno, han sustituido a los mecanismos democráticos.

 


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