LUNES, 5 DE JUNIO DE 2006
Cuentas alegres para incautos... ¡muy incautos!

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Juan Pablo Roiz







“Ni con los malabarismos más audaces, ni con las presunciones más optimistas, ni echándole todas las ganas para creer, el mamotreto que nos dieron a conocer el martes pasado puede cuadrar.”


De veras yo esperaba más, mucho más del programa económico de Andrés Manuel López Obrador. Esperaba que representase un desafío intelectual interesante o que fuese más allá de las absurdas y desorbitadas promesas que López ha desperdigado en su campaña. Me equivoqué.

 

Algunos economistas de mediana competencia pero ávidos de ganarse un “hueso” se limitaron a torturar los números y la realidad para que más o menos cuadraran con las ocurrencias de su patrón. Fracasaron. Ni con los malabarismos más audaces, ni con las presunciones más optimistas, ni echándole todas las ganas para creer, el mamotreto que nos dieron a conocer el martes pasado puede cuadrar. Tal parece que Rogelio Ramírez de la O y Gerardo Esquivel están tan ansiosos de complacer al que, quieren creer, será el futuro Presidente que perdieron todo pudor profesional y pergeñaron una fábula económica para un solo cliente: López. Sólo López Obrador puede creer que ése es un trabajo serio y profesional y que las propuestas del mismo son viables y deseables.

 

Supongo que a los autores del engendro no les importa perder el poco o regular prestigio profesional que podían tener. Ellos le cumplieron al caudillo y ya se sueñan despachando en la Secretaría de Hacienda o en la Coordinación de Políticas Públicas de la Presidencia. Misión cumplida.

 

Veamos. El primer supuesto del programa (de alguna manera habrá que llamarle) está totalmente errado. Se parte de la presunción –cierta- de que el gasto corriente se ha elevado considerablemente en este sexenio gracias a los excedentes que han generado los precios elevados del petróleo. De esta presunción –cierta, en lo general- los autores deducen (basados en algún dogmatismo mal asimilado) que ya que se trata de gasto corriente es necesariamente gasto dispendioso y recortable con facilidad. Primer error: La mayor parte de ese gasto se ha destinado a pagar maestros, médicos, enfermeras, jueces, policías, así como a pagar las pensiones de maestros, médicos, enfermeras, jueces, policías… y el programa Oportunidades que beneficia a los 25 millones de mexicanos más pobres. Aun en el supuesto de que lo quieran recortar –y dejar a las escuelas sin maestros, a los hospitales sin médicos y enfermeras, a los juzgados sin jueces, a las calles sin policías, a los pensionados sin pensión y a los 25 millones de pobres sin las transferencias en efectivo, perfectamente públicas y documentadas- no los van a dejar. No, nos contestan los autores, no nos referimos a ese gasto, sino al de los altos funcionarios del gobierno federal, a los automóviles fastuosos, a las oficinas lujosas, a los celulares, a las comidas dispendiosas, a los viajes por todo lo alto… Bueno, saquemos la calculadora: la suma de los sueldos, prestaciones y gastos de esos altos funcionarios no llega a los $10 mil millones de pesos. Aun en el supuesto de que los corriésemos a todos y contratásemos a puros voluntarios que van a trabajar gratis por puro amor “al proyecto alternativo de nación” -¿dónde los van a encontrar?- nos faltan todavía $90 mil millones de pesos y eso sólo para los gastos directos ya prometidos (pensión universal a los viejecitos de todo el país, útiles escolares gratis para todos, nuevas refinerías, tren bala o trenes bala a la frontera, acondicionamiento de las Islas Marías para hacerlas la Disneylandia de Petatiux, entre otros).

 

Esto, sin  considerar el gasto que supondrá subsidiar disminuciones en las tarifas eléctricas y en las gasolinas.

 

Si tomamos las promesas del programa Lopista por el otro lado, el de los supuestos beneficios que supondrán en los ingresos de todos aquellos que ganen menos de $9 mil pesos mensuales, las cuentas son más aberrantes: Mejorar los ingresos de esa población, así por arte de decreto de un día para otro, supone un gasto ¡casi 3 veces mayor al presupuestado por los asesores lopistas desde el lado del costo fiscal! Es decir: Unos 280 mil millones de pesos. Esta disparidad de casi tres a uno entre los supuestos beneficios y el supuesto costo fiscal de los mismos sólo revela el grado de irresponsabilidad y fantasía que animó a los autores del mentado programa. Por supuesto, es imposible cuadrar tales números, ni siquiera recurriendo a un burdo keynesianismo de manual que imagine efectos multiplicadores o efectos “en cascada a lo largo de la cadena productiva” como dice el mismo programa.

 

Los solícitos aprendices de brujo –como bien los describió Ricardo Medina- están dotados además de una imaginación febril: Unos cuantos pases mágicos por aquí y por allá y ¡ya está!: ¡Los tres pesos que estaban en mi mano se convirtieron en nueve pesos al llegar a la tuya! (Nótese que en la realidad lo que suele suceder con las transferencias de recursos de manos del gobierno a los beneficiarios es justamente lo contrario: Los nueve pesos que te prometí en el mejor de los casos llegan a ti convertidos en $1.50).

 

Otro punto clave: Disminuir por decreto los precios de los energéticos. Suena genial, pero en realidad es la mejor receta para acabar de desfondar a Pemex, a la CFE y a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Y para fomentar la escasez. Cualquiera que haya aprobado Economía I en una universidad respetable sabe que al disminuir el precio de un bien aumenta su demanda –máxime si ese bien compite con otras alternativas más caras en el mercado-, simplemente considérese el efecto que tendrán precios mucho más baratos de las gasolinas en la frontera norte: Tendremos a decenas de miles de consumidores estadounidenses, ávidos de aprovechar una ganga, llenando los tanques de sus automóviles en estaciones de servicio de Pemex. ¿Qué no saben los genios lopistas que tenemos que importar buena parte de las gasolinas? Negocio redondo para la economía del sur de la frontera de Estados Unidos: “Pemex me compra gasolina cara en Estados Unidos y me la revende barata en México”.

 

Por si fuese poco, los subsidios generalizados para abaratar el precio de un bien (gasolinas y electricidad, específicamente) a quien más benefician es a quienes más consumen. ¿Quiénes consumen más? Las personas de más altos ingresos –ya sea directamente o a través de las empresas-, por lo tanto los paladines de “primero los pobres” a los primeros que quieren regalar dinero público es ¡a los más ricos! De veras, no se midieron…

 

Para terminar, algunos detallitos: Decir que para la construcción de los trenes-bala o de alta velocidad que proyecta construir el señor López bastará con entrevistarse con José Luis Rodriguez Zapatero (Bambi), presidente del gobierno español, es como ir a entrevistarse con George W. Bush para aprender a encontrar armas de destrucción masiva en Irak. Dicho de otra forma, Zapatero no tiene NPI (ni peregrina idea) de los trenes de alta velocidad (AVE) que funcionan en España, porque no se construyeron durante su gobierno, sino durante los dos períodos de José María Aznar, y significa desconocer las pequeñas-grandes diferencias entre la orografía de España y la de México y entre las concentración y densidad urbanas en España y la dispersión de ciudades y baja densidad de población en los muchísimos kilómetros que median entre la Ciudad de México y la frontera norte. Es, además, no haberse enterado de que ya existen las líneas aéreas de bajo costo. Habrá que imaginarse –con horror- la calidad, las condiciones de seguridad y el servicio de los dichosos trenes de alta velocidad en la imaginación del tabasqueño: ¿Tendrán la misma calidad de acabados que los “segundos pisos” (o estacionamientos elevados) de la Ciudad de México?, ¿les darán el mismo mantenimiento que al Metro capitalino?

 

Se quedaron cortos, y se vieron muy comedidos, los del PAN, al decir que López es un peligro para México. ¡Es ya desde ahora una pesadilla!


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