Pesos y contrapesos
Jun 28, 2018
Arturo Damm

Sentencia proteccionista

Prohibir importación de papa: proteccionismo duro y puro, porque no se trata de proteger al consumidor mexicano de alguna enfermedad sino de defender al productor nacional de la competencia de las importaciones.

Si hay un ámbito de la teoría económica en el cual abundan las falacias, y consecuencia de ellas malas políticas económicas, ese es el del comercio internacional.

Muestra de lo anterior la tenemos en la guerra arancelaria de Trump y en la intención de AMLO de que produzcamos en México todo lo que consumimos, todo lo cual resulta, desde el punto de vista económico ineficaz, porque aumenta los precios, y desde el punto de vista ético injusto, porque condiciona la libertad de personas de distinta nacionalidad para relacionarse comercialmente como más les convenga.

Lo anterior viene a cuento porque José Francisco Pérez Mier, juez federal, emitió una sentencia que prohíbe la importación de papa de los Estados Unidos por representar un riesgo para la soberanía y la seguridad nacional, así como una violación del derecho a la alimentación de los mexicanos.

Antes de considerar al detalle las “razones” del juez analicemos lo anterior. ¿Puede la importación de papa, o de cualquier otro bien, ser una amenaza para la soberanía nacional, un riesgo para la seguridad de la nación? Que alguien me explique de qué manera porque por más que le doy vueltas en la cabeza no veo cómo. ¿La importación de papa, y de cualquier otro alimento, viola el derecho a la alimentación de los mexicanos? El que en los mercados nacionales se ofrezca papa importada, o cualquier otro alimento importado, ¿viola nuestro derecho a la alimentación? De nueva cuenta que alguien me explique cómo porque por más que lo pienso no veo de qué manera.

¿Cuáles son los casos que justifican prohibir la importación de algún alimento? Aquellos que implican un riesgo fitosanitario. ¿Es éste, el de la papa importada, uno de esos casos? El juez, leemos en una de las notas periodísticas, “analizó las repercusiones que tendría la dispersión de plagas cuarentenarias provenientes del extranjero en territorio nacional y que generarían la inminente desaparición del sector primario mexicano dedicado a la producción de papa”, pero, además de este posible riesgo fitosanitario, el juez afirmó que “bajo esas condiciones (las del libre comercio y la competencia) constituye un asunto de seguridad nacional proteger la planta productiva de alimentos de primera necesidad, como lo es la producción de papa, ya que su destrucción debilita al Estado mexicano como nación, haciéndola depender de otro país para satisfacer la demanda alimentaria”.

¿Qué tenemos? Proteccionismo duro y puro, porque no se trata de proteger al consumidor mexicano de alguna enfermedad sino de defender al productor nacional de la competencia de las importaciones, que tienen dos ventajas: mejoran la oferta para el consumidor nacional, permitiéndole elevar su bienestar, y generan competencia para el productor nacional, obligándolo a volverse más competitivo, capaz de ofrecer a menor precio, con mayor calidad y mejor servicio.



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