Pesos y contrapesos
Jul 30, 2018
Arturo Damm

Legalizar drogas (I)

¿A la práctica de qué virtudes debe obligar el gobierno y, por lo tanto, que conductas debe castigar?

Con este Pesos y Contrapesos inicio una serie de seis colaboraciones dedicadas al tema de la legalización de las drogas, tema multifacético que debe abordarse, de entrada, desde la perspectiva de las legítimas tareas del gobierno, para lo cual debe responderse esta pregunta: ¿qué debe hacer el gobierno?, pregunta distinta a ¿qué puede hacer el gobierno? Uno de los problemas que enfrentamos hoy es que los gobiernos hacen más de lo que deben, por lo que incurren en arbitrariedades, ocasionando más problemas de los que pretendían solucionar. Ejemplo es la prohibición de la producción, oferta, venta, demanda, compra y consumo de drogas, habiendo salido más caro el caldo que las albóndigas.

Para responder correctamente la pregunta ¿qué debe hacer el gobierno? tengamos presente que sus tres poderes son prohibir, obligar y castigar, mismos que pueden combinarse de cuatro maneras.

Primera: el gobierno puede prohibir dañar a los demás y castigar a quien lo haga (primera combinación prohibir - castigar).

Segunda: el gobierno puede prohibir dañarse a uno miso y castigar a quien lo haga (segunda combinación prohibir - dañar).

Tercera: el gobierno puede obligar a hacerle el bien a los demás y castigar a quien no lo haga (primera combinación obligar - castigar).

Cuarta: el gobierno puede obligar a hacerse el bien a uno mismo y castigar a quien no se lo haga (segunda combinación obligar - castigar).

De las cuatro combinaciones, tratándose del gobierno, ¿cuáles son legítimas y cuáles no? Para responder tengamos en cuenta que cada combinación está relacionada con la práctica de una virtud, por lo que la pregunta que debemos hacer es ¿qué virtudes deben exigirse por la fuerza y cuáles deben dejarse a la libre decisión de cada quien?

La primera combinación, prohibir dañar a los demás, tiene que ver con la justicia, virtud por la cual respetamos los derechos de los demás. La segunda, prohibir dañarse a uno mismo, está relacionada con la prudencia en sentido negativo, virtud por la cual cuidamos de nosotros no haciéndonos daño (por ejemplo: no fumando). La tercera, obligar a hacerle el bien a los demás, tiene que ver con la beneficencia, virtud por la cual le hacemos el bien a los demás. Por último, la cuarta posibilidad, obligar a hacerse el bien a uno mismo, está relacionada con la prudencia en sentido positivo, virtud por la cual cuidamos de nosotros haciéndonos el bien (por ejemplo: ejercitándonos habitualmente).

Desde este punto de vista la pregunta ¿qué debe hacer el gobierno? se transforma en esta: ¿a la práctica de qué virtudes debe obligar el gobierno y, por lo tanto, que conductas debe castigar? ¿Debe el gobierno obligar a los ciudadanos a la práctica de la prudencia en sentido negativo, es decir, a no hacerse daño a sí mismos (por ejemplo: a no consumir drogas), y castigar a quien no obedezca (por ejemplo: al drogadicto)?

Continuará.



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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