MARTES, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2018
Mandamientos bíblicos y estado de derecho (II)

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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“No se requiere una constitución moral para “salvar almas”. Lo que se requiere es que el gobierno cumpla con su obligación: hacer cumplir las reglas civiles.”


A propósito de la propuesta de AMLO de elaborar una “constitución moral” (porque se preocupa del bienestar del alma), la semana pasada señalé que los mandamientos bíblicos, del 6º al 10º tal como aparecen en su versión original (en el libro de Éxodo de la Biblia judía), plasman uno de los elementos centrales de un íntegro estado de derecho: el respeto a los derechos de propiedad de terceros. Analicé el 6º (no matarás) y el 7º (no cometerás adulterio). Continúo con los tres restantes.

8º No robarás. En un país en donde rige el estado de derecho las transacciones, que son una transferencia de los derechos de propiedad de un bien (del vendedor al comprador), son voluntarias y se llevan a cabo porque ambas partes esperan obtener una ganancia. Un robo por otra parte es, en efecto, una transferencia involuntaria de riqueza, un acto que atenta en contra de los derechos de propiedad del asaltado. Un individuo incurre en un acto de este tipo porque espera obtener un beneficio y lo evalúa contra los costos de ser penalizado, lo cual depende de dos factores: la probabilidad de ser detectado, perseguido, aprehendido y declarado culpable en un juicio y la pena corporal (tiempo que estaría preso). Si el beneficio esperado es mayor al costo, podría existir el incentivo a delinquir. Aunque normalmente los miembros de una sociedad no se involucran en actividades ilegales, dada su ética y las reglas morales de comportamiento, siempre habrá quien lo haga. El papel del gobierno, la razón que justifica su existencia, es proteger los derechos de propiedad reduciendo la probabilidad de que un delito sea cometido con impunidad; apelar a un determinado comportamiento basado en reglas morales no es suficiente si el gobierno no cumple con su obligación, como sucede en México, donde 95% de los delitos quedan impunes.

9º No levantarás falso testimonio en contra de tu vecino. Acusar falsamente a alguien atenta en contra de los derechos de propiedad del señalado. Si la falsa acusación es creída, el individuo podría enfrentar tres tipos de pérdida: una menor rentabilidad sobre su capital (¿quién quiere hacer negocios con un delincuente?), enfrentar una pena corporal (por lo que dejaría de generar ingreso) o ser obligado a una restitución monetaria (perdiendo parte de su riqueza). En consecuencia, en el marco legal tiene que tipificarse la calumnia como un delito y es papel del poder judicial penalizar tales actos.

10º No desearás la casa de tu vecino, no desearás la mujer de tu vecino, ni sus sirvientes, ni sus sirvientas, ni su buey, ni su asno, ni ninguna de sus propiedades. La envidia es parte de la naturaleza humana y aunque moralmente pudiese ser reprobable, no constituye ningún delito por lo que el problema no es desear los bienes propiedad del vecino sino apropiarse de ellos sin que medie un pago, lo cual sería un robo. Mención especial requiere el señalamiento respecto de la esposa y la servidumbre. En cuanto a la primera, el matrimonio es un contrato voluntario que se acuerda para formar un hogar; la mujer no es propiedad del hombre. Respecto de la segunda, todo acto de servidumbre tiene que estar sujeto a un contrato libremente acordado y con cláusulas de salida; la esclavitud no puede existir en una sociedad en donde rija el estado de derecho y los individuos sean libres de decidir qué hacer con sus recursos, incluido su propio cuerpo.

No se requiere una constitución moral para “salvar almas”. Lo que se requiere es que el gobierno cumpla con su obligación: hacer cumplir las reglas civiles.

*Artículo originalmente publicado en El Economista.

• Derechos de propiedad • Estado de derecho • Moralina autoritaria • Ética / moral

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