MIÉRCOLES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2018
La devaluación que no debió ser

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“De cómo México fue víctima de una estafa disfrazada que le da mala reputación al verdadero capitalismo.”


“El comercio manipulado a través de ventajas artificiales (devaluaciones) siempre afecta negativamente al país que las establece. Pero cuando el comercio se conduce entre dos naciones libremente y sin restricciones, es ventajoso para ambas, no siempre en la misma proporción”. Adam Smith

Era el último día de 1993 y el presidente Salinas se encontraba celebrando los 5 años de logros en su administración los que, ante los ojos del mundo, eran realmente admirables: se había controlado la inflación, se había reestructurado y reducido la criminal deuda, se había estabilizado el peso, el presupuesto arrojaba superávit, la economía de nuevo crecía. Un oficial del estado mayor presidencial lo aborda para darle un parte. Había estallado una guerrilla en Chiapas. Se iniciaba uno de los ataques más inmorales en contra de las reformas cuyos resultados la comunidad internacional hubiera bautizado como el “milagro mexicano”. Los especuladores mundiales de inmediato activaban su programa para tomar ventaja de un país herido.

A inicios de 1995, Jude Wanninski, un experto en política monetaria comparecía ante el Congreso de EU para hablar de la devaluación que estaba destruyendo nuestro país. Después Wanninski me hacía llegar el informe de ese evento, y ya Art Laffer me había invitado a su comparecencia con el mismo propósito. Afirmaba “Las devaluaciones son eventos muy dolorosos, especialmente para la gente ordinaria siendo los últimos en enterarse que sus salarios, pensiones y ahorros han sido destruidos. Pero si analizamos los hechos que las provocan, nos daremos cuenta de que la mayoría de las veces son innecesarias y provocan problemas más graves.”.   

La devaluación del peso en diciembre de 1994 fue completamente innecesaria. La explicación fue el peligroso déficit en su balanza comercial, la peor de las charlatanerías económicas. En México nunca hemos entendido que los déficits de la balanza comercial son superávits en la cuenta de capital. Una devaluación se compensa con inflación en los precios del país devaluador en relación a la inflación de la moneda contra la cual se devaluó. Con inflación compensando la devaluación, no habrá un efecto competitivo y la balanza no es afectada. Es solo un asunto de contabilidad. El déficit en la balanza comercial era la forma con la cual México estaba adquiriendo el capital necesario para abandonar el tercer mundo. La devaluación detuvo ese proceso.

En una economía integrada mundialmente, el precio en dólares de una tonelada de acero vendido en LA, es el mismo no importa donde se haya fabricado. En pesos, euros, etcétera, una tonelada de acero convertido a dólares al tipo de cambio vigente, igualará el precio en dólares. La devaluación del peso incrementó el precio de los dólares. Con el precio de los dólares más alto y el acero mexicano vendiéndose al mismo precio que el acero de EU, uno de dos eventos tiene que ocurrir. El precio del acero en dólares tendría que bajar manteniendo el precio en pesos sin cambio, o, el precio del acero en pesos tendría que subir para dejar el precio en dólares sin cambio. Si el peso se devalúa contra el dólar, el incremento en el precio en pesos del acero, menos el incremento del precio en dólares será igual al monto de la devaluación del peso.  

El déficit comercial fue solo una burda excusa cuando no les funcionaron las anteriores. En noviembre de 1994 las reservas internacionales eran de $17,240 millones de dólares. Pero cuando los especuladores encuentran alguna debilidad en el sistema político de cualquier nación, atacan como lobos rabiosos contra su víctima. Fue lo que encontraron en México, no en la balanza comercial, sino en la transición de poder a un joven presidente que no estaba probado, Ernesto Zedillo, comparado con la rica experiencia de un Salinas que había iniciado su presidencia peleando exitosamente una devaluación similar.  

La prensa mundial había caído en la trampa del “déficit comercial” pero el Wall Street Journal esos días publicaba un artículo titulado Dollar Turmoil: “La Confusión #1 es pensar que el mejor tipo de cambio es el que produce el balance comercial adecuado. Con el colapso del marxismo ésta se ha convertido en la idea más perniciosa y destructiva sobre la faz de la tierra. La historia revienta con las narrativas de países que se han arruinado devaluando sus monedas, en su intento para expandir las exportaciones”.

En su testimonio ante el Comité de Banca del senado el presidente del FED, Alan Greenspan, afirmaba que el gobierno mexicano tenía amplias reservas en 1994, pero por razones no-económicas se provocó su desplome. Citó algunas: El estallido de Chiapas, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el asesinato de Ruiz Massieu. Pero cerraba afirmando, “se creía que el peso se fortalecería con el triunfo de Zedillo, pero no sucedió pues el nuevo presidente no ocultaba su confusión y fue cuando se inició la estampida”. Greenspan unos días antes había estado de acuerdo en que el peso se podía revaluar para regresarlo a $3.50.

El nuevo secretario de hacienda, Guillermo Ortiz, celebraba expresando que México había tenido el aval de todas las instituciones financieras internacionales para devaluar. Pero los únicos beneficiados fueron empresarios mexicanos que se enteraron antes y vaciaron las reservas del Banco de México, especuladores, agentes de bolsa que también se enteraron antes para activar sus mecanismos y vender corto o largo. Ortiz era quien, meses antes, había aconsejado a Zedillo el llevar a cabo una devaluación.

¿Mejoró la situación del país?

En noviembre de 1994 el saldo total de la deuda interna y externa del sector público era de 92,150 millones de dólares, de los cuales 58,700 millones de dólares correspondían a la externa y el resto la interna, que incluía el saldo de Tesobonos por 16,000 millones de dólares. Pero para mayo de 2000, la deuda acumulada por Zedillo ascendía 210,000 millones de dólares, de los cuales 37,300 millones de dólares eran deuda interna y 78,000 de deuda externa, a lo que se sumaron más de 90,000 millones de dólares de Fobaproa.

Esto fue una estafa disfrazada que le da mala reputación al verdadero capitalismo. Obra de esa diabólica sociedad que, provocando el sufrimiento de la gente, lucran con sus apuestas arregladas. El FMI y el Banco Mundial, vagan errantes por el mundo en busca de países con déficits comerciales para repetir la receta y, como los vampiros, chuparles la sangre, pero dejándolos vivos para seguir chupando a perpetuidad. Si la devaluación no se evitó por los motivos que fueran, se hubiera podido manejar un programa para revaluar el peso utilizando los $20 billones de la Tesorería de EU, y no dárselos a los especuladores. El FED podría haber comprado pesos en el mercado abierto hasta que recuperara a $3.5. Se hubiera evitado el costo de 500 billones de dólares que representó para México. 

Los herederos del nacionalismo revolucionario han tomado el mando. Su plan iniciado aquel enero de 1994 finalmente les ha redituado. Han revivido sus muertos que no habían dejado descansar. La gran diferencia es que ahora no habrá sorpresas como, “defenderé el peso como un perro”. Ahora la ruta es clara: ¡por donde diga mi dedito! y el viaje que se inicia es con proa al infierno.

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