MIÉRCOLES, 24 DE OCTUBRE DE 2018
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“El socialismo no es el pionero de un mundo mejor, es el destructor de la civilización. No construye nada, solo destroza. La destrucción es su esencia, está en su DNA. No produce nada, solo consume lo que el orden basado en libertad y la propiedad privada ha creado.”


Joseph Schumpeter, uno de los más celebrados científicos sociales del pasado siglo 20, emitió su último mensaje en diciembre de 1949, nueve días antes de su muerte. Tituló su apología como, “La Marcha hacia el Socialismo”. Aun cuando mostraba su magia para adivinar el futuro, sabemos su visión se basaba en tendencias del pasado y la lógica con la que una mente brillante, razonablemente puede esperar las tendencias se hicieran realidad.

Esa ruta hacia el socialismo la basó en 4 sucesos: 1) Gigantescas firmas corporativas desplazarían al Entrepreneur y a los gerentes-dueños del capitalismo clásico, reduciendo su función económica y las posiciones económico-políticas de la verdadera clase empresarial. 2) A medida que el capitalismo maduró, la sociedad perdía el respeto por una alianza de esas instituciones como representantes del mercado libre. 3) El capitalismo nutrió una clase intelectual que se transformó en su más feroz enemiga. 4) La burguesía perdía el valor para defender el mercado libre y se acomodaban al nuevo ambiente político del cabresteo gubernamental.     

Después de coquetear durante algunos años, México se ha entregado a los brazos del verdadero socialismo. Y aquellos que afirman será un socialismo light, se están engañando pues no hay socialismo bueno ni regular. Y aquellos optimistas que piensan el Peje será el arquitecto de un México a los niveles de lo que ellos piensan, son países socialistas estilo las naciones nórdicas, les tengo noticias. Holanda, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Estonia ocupan importantes posiciones en la parte superior del Índice de Libertad Económica. No son socialistas, son países capitalistas. Ahora los analistas entran en pánico por la dirección hacia a donde apunta el presidente electo ¡¿Esperaban algo diferente?!

Al estudiar los destrozos del socialismo, no importa si se ha impuesto a través de un proceso democrático, o a través de violentas revoluciones. Económicamente es el mismo y todos tienen la etiqueta de la casa: “El gobierno es propietario de todos, o una buena parte, de los medios de producción con la autoridad para decidir cómo se van a utilizar”. Su destrucción aparece en todas sus variantes; aun en la república amorosa del Peje. Pero en México el enguaracado socialismo cobra más gravedad cuando Amlo cada día, desenfunda una nueva ocurrencia que muestra su aspiración de tirano.

Si el socialismo permanece sin retadores, lo poco que se ha construido en México pronto se habrá destruido. El socialismo es irrealizable y los esfuerzos para establecerlo, llevan siempre a la destrucción de la sociedad. La historia de estos destrozos fue narrada poéticamente por Von Mises: “Fábricas, minas, comercios, ferrocarriles se paralizan, los pueblos desérticos. La población de las industrias emigra a otras tierras. El agricultor regresa a la autosuficiencia de una economía doméstica. Sin propiedad privada la cooperación se extingue, la producción que sobreviva será aquella de “la mano a la boca” produciendo solo lo que cada individuo requiera”.

“No necesitamos describir las consecuencias culturales y políticas que produciría esa transformación. Regresaríamos al siglo 19 cuando las tribus nómadas de nuevo estarían saqueando los pueblos y ciudades para luego seguir barriendo las poblaciones de las sierras con sus rápidos y feroces ataques de caballería. ¿Quién podría hacerles frente en esas regiones despobladas sin defensas, frente las armas certeras fabricadas con las técnicas desarrolladas en el sistema capitalista?” Esta es una posibilidad. Pero hay otras.

En el mundo algunas naciones permanecerían siendo socialistas mientras que otros regresarían al capitalismo. Los países capitalistas alcanzarían altos grados de desarrollo en su proceso hacia la división del trabajo hasta que, dirigidos por la ley social, llevarían a un ilimitado número de seres humanos hacia la división personal del trabajo, y en toda la tierra surgiría una gran geográfica división del trabajo para luego imponer su cultura a naciones primitivas, pero si resistían, eran destruidas. Esta ha sido la historia de las naciones que han rehuido la ruta del desarrollo capitalista o que lo abandonaron prematuramente. ¡Fracaso!   

Pero para el socialista esa doctrina significa una transición de la economía irracional a la racional. El manejo planeado de la vida económica toma el lugar de la anarquía (oferta demanda) en la producción; la sociedad política toma el lugar de los aberrantes objetivos de interés individual. Una muy justa distribución de bienes remplaza a la injusta. Deseos y miseria desaparecen y hay riqueza para todos. Un panorama del paraíso se devela ante todos, un paraíso que ellos deberán heredar.    

Pero socialismo no es más que una estúpida racionalización de resentimientos ancestrales. Ninguna de sus teorías resiste la mínima crítica científica y todas sus deducciones son infundadas. Su concepción de la economía capitalista ha sido probada totalmente falsa; su pragmático plan para un futuro orden social prueba ser contradictorio e impráctico. El socialismo no solo falla al tratar de hacer la vida económica más justa, de inmediato aboliría el mercado libre y racional. Así la justicia se convertiría en una afirmación arbitraria producto de un resentimiento; la equivocada interpretación de lo que es el capitalismo y lo que ha logrado los últimos 200 años.

El socialismo no es el pionero de un mundo mejor, es el destructor de la civilización. No construye nada, solo destroza. La destrucción es su esencia, está en su DNA. No produce nada, solo consume lo que el orden basado en libertad y la propiedad privada ha creado. Ese prometido orden de la sociedad que pregonan no puede existir, solo que sea un fragmento de socialismo infiltrado en un orden económico basado en la libertad y la propiedad privada. Pero cada paso hacia el socialismo deberá registrarse como una fatal cruzada hacia la destrucción de todo lo que existe.  

Y esa política provoca el consumo del capital que se ha formado a través de los siglos. En lo irresponsable de una política de subsidios para las masas a costa del capital existente; Se sacrifica el futuro por el presente y reconocer el fracaso de esa política requiere de una actuación más ética que las falsas promesas de líderes a las masas que los han llevado al poder. Los jóvenes tienen razón para no confiar en las ideas que han gobernado a sus mayores. Pero se extravían creyendo que el colectivismo es lo que llevó al mundo hacia el progreso, no conocen la verdad. Aunque no podemos retornar a la realidad del siglo XIX, tenemos la oportunidad de alcanzar sus ideales; y ello no sería poco.

Si las generaciones pasadas no pudieron encontrar lo requerido para crear el país que deseaban, la experiencia que nosotros hemos adquirido debía habernos preparado para la tarea. Si hemos fracasado en el intento de crear un México libre y próspero, tenemos que intentarlo de nuevo teniendo claro el principio rector que demuestra solo existe una política que realmente lleva al progreso, es aquella que se basa en la libertad del individuo, hoy tan verdadera como en el siglo XIX.

Pero si fracasamos para luego culpar al inocente, pero nunca al hecho que el país ha sido destrozado por políticas socialistas que han estado consumiendo el capital que no es infinito, y al agotarse se inicia la caída hacia el precipicio de la verdadera pobreza y la miseria. Esto será el proceso que vivirá México en los siguientes años, si no presentamos oposición a esa manada de mulas espantadas ahora incrustadas en el poder.

• Socialismo

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